Padres e hijos: las comidas

La verdad es que, con lo interesante y complejo que es el tema de la maternidad (paternidad) y la cantidad de años de experiencia en ese sector que poseo, he hablado francamente poco de ello. No sé por qué.

En todo caso quería compartir una buena idea que se nos ocurrió para que los niños empezaran a cocinar en casa. Ya limpian sus habitaciones y a veces ordenan sus cosas (pocas, la verdad), pero hay que seguir avanzando, sobre todo porque la mayor tiene quince años y debería ser más autónoma. Más allá de ponerse un sandwich (verdadera experta en la materia), no ha cocinado mucho en su vida. Es culpa nuestra. Como digo yo, esto de ser padres es más complicado que cualquier otra tarea en la vida porque nadie te dice cómo tienes que llevarla a cabo, cada hijo es un mundo y cada distinta edad es un universo. Y si a eso le sumamos los diferentes caracteres, características y edades de los diferentes hijos y la cantidad de información sobre todo tipo de cuestiones que existe hoy en día y la infinita relevancia que le da la psicología al papel de la educación en las futuras personas que serán los niños; pues agobio, confusión, pesadumbre, remordimiento y error tras error. ¡Socorro!

Yo digo que las meteduras de pata se compensan o se deberían compensar con las buenas intenciones y el cariño existente por encima de todo y también es importante que entiendan los chicos que sus padres no son supermanes, sino personas comunes, con defectos y virtudes y haya paz en las mentes. Pero no es tan sencillo…

El caso es que hemos instaurado un día a la semana este año en el que los niños tienen que hacer la cena y ayer fue el primer día de esta (espero) larga serie de jueves en los que mi marido y yo nos sentamos en el sofá a hacer nuestras cosas hasta que los dos nos llaman y nos vamos a la cocina a comer lo que ellos han hecho. ¡Qué idea más buena! ¡Y encima el jueves, que es un día en el que se está ya muy cansado de la semana…!

La mayor decidió el plato, buscó la receta y escribió los ingredientes que necesitaba. Vieron lo que había en casa (a esas alturas de la semana, normalmente nada), se fueron los dos al supermercado a lidiar con el carnicero y demás obstáculos, volvieron, prepararon la primera parte (se trataba de pollo macerado en lima y cilantro). Cada uno volvió a sus cosas un rato y, más tarde, lo cocinaron todo (también pusieron guacamole de guarnición, que es algo que ya sabían hacer), nos lo sirvieron, nos llamaron y disfrutamos todos de una exquisita cena (debo decir que les salió muy bien, hasta ellos estaban sorprendidos) y de un ambiente festivo y alegre que, de otra manera, no habría habido.

Chicos, de verdad, ¡qué buena idea tuvimos! Han estado juntos, se lo han pasado bien, han aprendido cosas, se han hecho más autónomos, han comido algo que les gusta, han sentido gran satisfacción y no hay nada negativo en todo esto. Espero que no sea porque era la primera vez, sino que sepan guardar ese bendito y envidiable entusiasmo para los jueves sucesivos, pero es verdad que a veces, las dinámicas de familia, aprendizaje y educación; pueden funcionar a la perfección.

¡Vivan los jueves!

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Fotos de Londres

IMG_0501Hay que tener tiempo para ocuparse de las fotos, retocarlas, clasificarlas, escogerlas y publicarlas… Así que se separan de los posts que se escribieron en su día pero no importa. Sirven para recordar buenos momentos cuando se está de nuevo en casa.

Cuando estamos en Londres nos encontramos muy bien pero en el momento en el que nos vamos, nos damos cuenta de verdad de lo que la echamos de menos. Este año hemos podido vivirla más tiempo gracias a un fantástico intercambio, una casa espléndida en Primrose Hill, ¿qué más se puede pedir? Aquí va algo de lo que vi y sentí.

 

Empecemos con alguna gente y locales varios:

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Algunos mercadillos como el de Broadway son encantadores, aquí está el puesto de dumplings.

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O un concierto amenizando:

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Algunas paredes dicen cosas:

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También hay colores que llaman la atención:

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O edificios:

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Vivíamos cerca del canal y nos dejamos deslumbrar por él:

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Los pubs tienen mucho encanto y dan ganas de pasar la vida en ellos:

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Ir al teatro es un lujo que intento permitirme:

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Otra maravilla son los museos, en su mayoría gratis, aquí hay dos imágenes de ambas Tate:

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Una amiga siempre me insiste para que vaya a ver en la National Portrait Gallery, la exposición del Portrait Award anual y la verdad, es interesante. Se dan todos los estilos para ofrecer una muestra de la humanidad más variada. Este retrato me gustó mucho, parece que la persona siente pudor por ser observada y, sin embargo, allí está expuesta, en el centro del mundo:

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Estuvimos en el gay pride:

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Le cogí cariño al pirulí porque pasaba por él para volver a casa aunque es feo:

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Hasta conseguí tomarme un cream tea (¡qué buenos los scones!) en el Secret Tea Room de Soho. Os lo aconsejo, hay que pasar por detrás de la barra de un pub de la calle Greek Street y subir al pequeño saloncito donde dos chicas orientales disfrutaban de su Afternoon Tea que jamás terminarían. Tiene uno la impresión de que hoy en día, más que disfrutar de las cosas mirándolas y saboreándolas, con sacar una foto y publicarlo en internet, es bastante.

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Para terminar, una instantánea de nuestra querida calle:

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Sé que solo gente rica puede vivir en muchos barrios de esta ciudad porque la vivienda es carísima, pero aunque sea fugazmente a veces disfrutamos de la tranquilidad que se respira, el buen nivel de vida y las posibilidades inmensas de esta metrópolis verde y acogedora.

 

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Escena de una separación (con reflexión adjunta sobre lo digital)

450_1000El disco duro de mi ordenador el otro día decidió romperse, desconectarse, descacharrarse, irse de vacaciones, autoinmolarse, yo qué sé…

Se me ha roto el ordenador, vamos. Y ya me veía yo haciendo números y contrayendo préstamos que no puedo devolver en estos momentos, para comprarme otro; cuando mi chico, que es listo y pertinaz, le metió mano con ahínco, lo arregló (es un hacha) y le puso al día el sistema operativo por fin.

He decidido tomármelo con filosofía pero cada cambio (y actualización del ordenata) implica novedades, sustos, pérdidas, trabajo físico y emocional, además de desesperación e inestabilidad. Y también da pie a infinitas charlas sobre filosofía digital, sobre cómo cambian los tiempos, sobre el hecho de que no somos nadie, etc.

En esas chácharas uno se hace más consciente de que las certezas que representaban los objetos físicos de antaño, ahora se han convertido mayormente en invisibles bits, o sea, esencias intangibles, almas vagantes por la famosa nube esa, el limbo de hoy.

Todo está a tu alcance pero nada te pertenece. Las cosas ya no ocupan un lugar verdadero sino que flotan por ahí y para acceder a ellas hay que ir armados hasta los dientes de palabras clave que procuren mantener alejados a los malos de hoy, o sea, los hackers y demás fauna.

En una posible separación (de pareja o de hijos que se van de casa o de lo que sea), el tema objetos va a dejar de ser un problema, más allá de algún mueble, porque uno coge su ropa y sus aparatos y se va sin más clasificaciones, discusiones ni mudanzas.

 

Escuchando una canción de Astrud Gilberto y Stan Getz, me ha venido a la memoria una importante y significativa escena de mi vida familiar de adolescente.

Mi familia se rompió. No sé cuándo sucedió exactamente pero un buen día aquella ruptura se hizo efectiva y definitiva. Mi madre se fue con el compañero de clase del que se había enamorado, mi padre con una alumna con la que estaba saliendo y yo con mis líos y mi juventud. Cada uno a una casa y a una vida. La mía, un oasis inaudito a mi edad de libertad y experimentación, que me duró poco porque no hubo presupuesto para mantenerla pero no importa, me quedaba poco para volar del todo.

Para esa ruptura no existían discos de arranque ni trucos informáticos ni consejos de chats de expertos…

 

Volvamos a la escena. Los tres estábamos sentados en el sofá de flores amarillas del salón (a mi padre le gustaban los objetos estridentes y llamativos), frente al piano que vendimos en algún momento sucesivamente y juntos repasábamos uno a uno los discos de la discoteca para ver quién se llevaba cuál a su nueva vida.

Había algunos que estaban claros porque solo uno de nosotros lo quería verdaderamente. Con otros hubo más polémica. Precisamente el de los Gilberto con Getz nos encantaba a todos y creo que acabé llevándomelo yo.

Hay que imaginar lo que cada uno llevaba por dentro, los sentimientos, miedos, tristezas, incertidumbres y desgarramientos que soportaba y había que unir a eso lo difícil que a mi padre (coleccionista por naturaleza) le resultaba desprenderse de sus queridas cosas amasadas con esfuerzo.

Pero pasamos un buen rato al final, nos reímos bastante, gastamos bromas, dijimos verdades estando juntos como hacía tiempo que no estábamos, a pesar de lo doloroso del trasfondo de la cuestión. O quizás precisamente por eso, para no irnos cada uno por su lado con los discos en la mano y tanta amargura en la garganta.

Los objetos y todavía más, la música, van unidos a emociones profundas y aquel reparto conllevaba desnudez del alma y afloramiento de recuerdos de todo tipo. A pesar de todo, conseguimos que fuera un buen momento, una separación de gente civilizada.

No todas las escenas fueron idílicas ni mucho menos, hubo de todo como es natural pero aquel día se me quedó en la memoria y empieza a pertenecer a un pasado casi irrecuperable porque ya no tenemos discos ni casi papeles ni libros ni fotos imprimidas ni revistas ni periódicos. O cada vez menos.

Todo está en la máquina, esa misma que hace puf de vez en cuando y nos provoca infartos.

La vida evoluciona, no hay más remedio. Y tenemos que adecuarnos.

Nos resistimos pero la verdad es que ya no hacen falta las enciclopedias ni las agencias de viaje ni los bancos, ni las cartas… Tantas cosas de repente pertenecen al pasado y dentro de poco serán obsoletas.

Lo que todavía no hacemos es comer o vestirnos con bits digitales. El último reducto.

 

Cuando lo consigamos, la revolución de lo intangible habrá llegado a su culmen. A no ser que nosotros mismos no nos introduzcamos en un ordenador un día y nos convirtamos en protagonistas de juegos y realidades virtuales como planteaban la película Tron antes o más tarde, Matrix.

 

Mientras tanto aquí estoy, pasando a bits las palabras escritas con bolígrafo en un cuaderno de verdad.

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Volver a ver una buena peli: la vida de los otros

Es como volver a ir a un sitio que conocemos y nos gusta. Es excitante conocer nuevos lugares pero a veces es más reconfortante y satisfactorio volver a lugares que amamos y recorrerlos con pasión meditada, posada y reposada.

Queremos ver cosas nuevas, nuestra mente exige novedades pero si sabes que algo te entusiasmó en su día y ya no te acuerdas mucho de por qué, de qué había allí dentro tan emocionante y universal; es bueno volver a verlo y disfrutarlo. Un libro requiere mucho más tiempo, una peli se puede ver en dos horas.

En fin, que he disfrutado cada fotograma de esta buenísima y completa película en la que caben la historia, la política, el amor, el arte, la traición, la amistad, la generosidad, el odio, la avidez, la conspiración, la tragedia, la gratitud y también la sonrisa. En una buena obra tiene que haber también momentos de ironía y buen humor.

Funciona cada escena, nada le falta ni le sobra. Un mecanismo perfecto.

Hay tres protagonistas. Dos amantes, él escritor y ella actriz, que deben enfrentarse a las dificultades que su entorno les impone (el régimen comunista de la Alemania del este) y el funcionario de la Stasi al que mandan a espiarlos. Este personaje, solitario, silencioso y triste, que al principio proyecta miedo por su frialdad y perfección en los interrogatorios, va enamorándose de la pareja a medida que los conoce, de su bondad y veracidad y va mintiendo día a día para beneficiarlos, en un crescendo de acontecimientos que de pequeños detalles, le llevará a grandes acciones para intentar por todos los medios salvarlos del desastre al que se tienen que enfrentar.

En un momento dado debe pensar que merece más la pena sacrificar una vida insignificante en pos de unas verdaderas, que merecen más la pena ser vividas. Todo ello desde el más oscuro anonimato. Es emocionante el personaje y el actor que lo encarna, maravilloso. Una pena que muriera joven poco después de hacer esta película, seguramente tenía mucho que decir todavía. Lo habrá dicho a lo largo de su carrera pero es difícil acceder a películas alemanas o de cualquier nacionalidad cuando no han dado el salto internacional.

Fue una película muy famosa, la habréis visto. Pero si no lo habéis hecho, hacedlo y si la veis otra vez, seguro que la disfrutáis. Se trata de una gran historia con temas universales, gran carga emotiva, ritmo pausado pero muy conseguido y perfección formal. Buen comienzo, buen final… lo tiene todo.

Y el escritor, con toda una trama compleja y vasta alrededor de su vida y sin enterarse de nada, absorto como está en su candidez y bondad inocentes, ajeno a todo. Da mucha ternura. Todo el mundo lo quiere por representar lo que ellos perdieron hace tiempo y gracias a todo ese amor, sobrevive a los naufragios y las tempestades. Así puede contarlo…

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Vacaciones escolares en Italia y otras cuestiones

Este país es conservador, es una característica intrínseca que posee, quizás acorde con el enorme legado histórico-artístico con el que lidia a diario. Es una riqueza a la vez que un lastre y un peso.

 

Todo tiene dos caras, así que cuando les explico cómo es Italia a gente extranjera me encuentro a veces criticando de forma despiadada costumbres y pesadeces, pero otras acabo reconociendo que al no haber cambiado, o haberlo hecho poco, en algunas cuestiones es una ventaja.

 

Hablemos de la gastronomía antes de hacerlo de la escuela. Hoy en día que vamos a los supermercados y tenemos que luchar contra los alimentos precocinados o preparados o tratados de alguna manera, valoramos mucho la cocina de nuestras abuelas, la genuina, la que manejaba los ingredientes de verdad de la tierra de origen con sabiduría y economía. Pues bien, las abuelas italianas, y hasta muchas madres, siguen haciendo los domingos para la familia pasta en casa, lasagnas al horno caseras, pizzas y otras muchas cosas sabrosas como antiguamente, tale e quale. Y en los pastifici hay pasta casera sabrosísima y variada y en muchas trattorias se degustan platos que tienen el mismo sabor que podían tener en los años cuarenta o mucho antes. Ya digo, lo conservador a veces tiene sus ventajas.

El helado o la pizza o el café son símbolos en este país, que no se cansa de lo mismo y estos símbolos son tratados cuidadosamente y se pueden degustar delicias verdaderas a precios asequibles, hasta el punto que soy casi incapaz de comer pizza o helado cuando me encuentro fuera de aquí. Cuando uno se acostumbra a la excelencia, volver atrás no tiene sentido.

Es un país en el que cuesta mucho introducir novedades y cuando una llega, por ejemplo en el caso de las hamburguesas gourmet o el sushi o las patatas fritas, entonces surgen locales que ofrecen lo mismo como hongos, porque en el fondo los italianos son un poco pesados, cuando les gusta algo, lo quieren en grandes cantidades. Es comprensible aunque también harta.

Debo decir que eso se me está pegando porque siempre voy a los mismos sitios en Turín, como ya los conozco y en ellos se come divinamente, me cuesta muchísimo probar otros. Todo se pega y llevo mucho tiempo aquí ya.

 

Y llegamos a la escuela. ¡Ah! La escuela. Ese lugar en el que pasan media vida los niños y adolescentes… En muchos países se suceden reformas y cambios de todo tipo. Aquí se dice que todo cambia para permanecer igual y esa es la escuela italiana, la misma de siempre, para bien y para mal.

Por ejemplo, las vacaciones veraniegas son irracional y terriblemente largas como lo eran hace décadas. Los niños pasan más de tres meses sin pisar una escuela y este hueco mortal lo quieren paliar los maestros y profesores cargando de deberes a los niños, para martirio y afán de los pobres padres, a los que siempre se les exige demasiado.

Luego vuelven y se pasan tres meses de trabajos forzados hasta que llega la navidad y luego hasta la semana santa otros tres meses mortales (si no hay suerte y ese año la semana santa no llega a finales de marzo, que hay que ver qué caprichosas y absurdas son las fiestas religiosas). O sea: hartura de vacaciones y hartura de escuela. El caso es que las cosas nos salgan por las orejas…

Pero cuando oigo cómo se quejan familiares o amigos profesores que viven y sufren cada día en la herida escuela pública española, sobre la falta de educación, formación o disciplina de sus díscolos y masificados alumnos, no puedo más que decir: la escuela italiana será antigua, será obsoleta, será, será; pero no hay tantos problemas de falta de respeto o educación (a los alumnos los mantienen derechos y ni se atreven a veces a pedir permiso para ir al baño), a los profesores se les trata de usted y hasta se levantan los chicos cuando ellos entran en clase. Como hace décadas en otros lugares.

Y con respecto a la formación depende mucho del tipo de instituto pero como he podido observar este año, por ejemplo el liceo classico (completamente público) es un lugar en el que a los alumnos se les exigen trabajo, esfuerzo y seriedad de verdad y si no dan el resultado esperado, no le tiembla el pulso a nadie para suspenderles asignaturas o el curso entero sin más miramientos. Totalmente a la antigua pero la verdad es que al final los chicos, en un año, han visto toda la gramática del latín y son capaces de traducir ya textos de notable dificultad. Es increíble.

En los dos primeros años se les prepara a fondo para que en los siguientes tres puedan leer directamente en griego, latín e inglés con soltura. Se les da a la vez una preparación sólida y seria en ciencias y matemáticas. En fin, como decía, cosas de otros tiempos. Altri tempi che sono ancora qui una vera e propia realtà.

 

Italia, ese simpático dinosaurio…

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Al sur de Noruega

A veces ocurre que la impresión positiva que te da un lugar de paso, no te la da el del destino. Esto nos ha pasado con Suecia y Noruega, hemos estado día y medio en el primer país y nos hemos quedado con ganas de volver y más porque mi anfitriona me ha aconsejado que vaya a una isla que dice que es de lo más bonito que conoce y es sueca. Es tranquilo, está menos poblado, es más barato.

Si uno ve la población de este país no puede pensar que esté muy poblado pero probablemente estoy en la parte más popular, el sur, al lado de la capital, en la costa… el caso es que está llena de casas por todas partes, de carreteras, de coches, de barco, de presencia humana. No te lo esperas.

Una cuestión curiosa es lo difícil que es obtener información, les cuesta dártela no se sabe muy bien por qué y luego las indicaciones suelen estar en noruego y no se entiende nada. Si pides consejo sobre dónde ir en una zona quizás te acaben mandando a otra. No sé, son raros. Parecen más abiertos y razonables los suecos pero puede ser una impresión equivocada…

El tiempo está siendo clemente, ha hecho hasta calor aunque hoy llueve y entra cierta melancolía.

Tonsberg, que es donde estamos, no tiene gran interés y tampoco la isla a la que nos mandaron ayer: Bolærne, que no está mal pero tampoco es espectacular. Bueno, quizás otra de las dos islas que no vimos sí estuviera bien. Culpa siempre de las escasas indicaciones, id a esa isla, pero resulta que son tres y entonces? El del barco nos mandó a la más turística, que está llena de construcciones militares como búnkers, cañones y cosas así. Tuvimos la impresión de que otra de las islas estaba mejor, más virgen. Fuimos a unos lagos en bosques (lo típico de Escandinavia), Langevann y allí nos bañamos, porque es posible bañarse, como he comprobado varías veces, nada de aguas heladas.

Verdens Ende sí está muy bien (el fin del mundo), con sus formaciones de piedras en el mar y lo que nos ha gustado mucho es una peninsulilla de al lado de Sandefjord que hemos recorrido a pie hoy. Pero nadie nos lo había indicado, hemos ido a la aventura. Caminos por bosques de ensueño con playitas encantadoras y formaciones de piedras con musgos y helechos preciosos. Lástima que hoy llovía y nos hemos mojado un poco, pero como hemos encontrado una especie de refugio, allí hemos podido comer nuestro picnic diario.

Hemos rematado el día unos viendo el museo de ballenas de Sandefjord y otros la casa de veraneo de Munch en el pueblito encantador marinero Åsgårdstrand.

Sea como sea, siempre merece la pena descubrir lugares nuevos y obtener nuevas experiencias, incluso en sitios semi desconocidos y sin puntos de interés vertiginosos. 

Probablemente el norte sea un sitio sin igual en el que disfrutar del vértigo de la soledad humana ante el paisaje indomable, pero se queda para otra vez porque está muy lejos y es caro llegar allí. Todo es caro en este país, eso es un rollo porque echo de menos restaurantes, bares, cafés y demás caprichos. Aquí mucho súper y comida en casa…

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En coche a noruega

Hace unos años fuimos a Dinamarca en coche y nos gustaron mucho las etapas intermedias por Alemania. Este año el viaje era más largo y las etapas se sucedían entre Alemania, Dinamarca y Suecia.

Ahora, que acabo de llegar a mi destino, ni me lo creo pero no por la distancia (los mismos 2.000 kilómetros que separan Turín de mi ciudad natal), sino por el cansancio de una semana de trajín y porque impresiona. Y más impresiona el viaje que me espera de Oslo a León, pero eso llegará luego.

De momento hemos vuelto a Lindau, con su camping en el lago de Constanza o Bodensee, su instructor de barbacoas perfectas (siempre tienen a un tipo haciendo cursos a la gente sobre barbacoas y parecen divertirse mucho), su paseo largo hasta el pueblo, su bar alternativo al lado de la estación, sus fritz colas y limonadas (esa marca alemana de refrescos me gusta mucho), su ruido de trenes. Fue nuestra primera noche de camping hace cuatro años y está a una distancia razonable de Turín, desde cuyo centro te plantas en Alemania en una mañana pasando por Suiza y un poco de Austria y Lichstenstein, es divertida tanta frontera inexistente.

La vez pasada la siguiente etapa fue Rothemburg, que es una ciudad pequeñita muy bonita y llena de japoneses y camas con dosel. Allí hemos ido tres veces y nos gusta recorrer su muralla y tomar un exquisito zumo de manzana recién prensada, además de disfrutar de rica merienda en un merendero al lado del río, en la parte baja, que se llama unter den linden. Un locus amoenus delicioso que recomiendo a los amantes de la sencilla buena vida.

Pero esta vez había que recorrer más trayecto y llegamos a Wercingerode, cuyo nombre evoca viejos jefes galos pero que no tiene un gran interés. Un pueblo alemán un poco mono con sus cervecerías y demás locales en los que le gente cena a las seis, va uno subiendo hacia el norte y tiene que acostumbrarse a estos extraños horarios. Allí fuimos a un hostel barato en lugar de al camping porque daban lluvia y además, no aguantamos mucho de vida espartana.

Directos a la isla de Møn en Dinamarca por segunda vez. El resto de la isla como la otra vez lo vemos desde el coche por falta de tiempo y está llena de campos suavemente ondulados de colores diversos y de casitas monas, pueblecitos enanos y vistas al mar. Pero la punta te ofrece unos acantilados blancos de ensueño, unos bosques y paseos preciosos, unas vistas increíbles y muchos fósiles. En el camping es gracioso porque el bar y la tienda lo llevan una pareja de la que ella es andaluza y él argentino, por lo que el personal o habla andaluz o argentino y se hace raro y a la vez gracioso. O sea, no hay problema de entendimiento allí, pero sí de dolor de piernas porque la tienda la pones lejísimos de los servicios y del bar y de todo y te pasas el día andando. Al anochecer te fríen los mosquitos y sale a pasear un ejército de babosas pero en el jardín floreal que tienen, la luz es hermosa.

Es un camping que está muy bien, lo recomiendo. Quizás volvamos, quién sabe. La segunda noche soplaba el viento de manera terrible y entre eso (que no te deja dormir bien) y las previsiones de lluvia, nos lanzamos a buscar alojamiento no campero para nuestras dos noches suecas…

Para llegar a Suecia se pasa el famoso puente de la serie Broen y eso me hizo mucha ilusión a pesar de que te clavan por usarlo, aunque no tanto como en el ferry de Alemania a Dinamarca (ahí preparad los bolsillos y no digo las tarjetas porque curiosamente no funcionaban y digo curiosamente porque en estos países se usa la tarjeta hasta para comprar un chicle como me contaba la gaditana del camping).

Cuando preguntamos a la pareja sueca de las habitaciones de airbnb que encontramos si podíamos quedarnos, nos dijeron que esperaban huéspedes el viernes pero que si lo necesitábamos, podían buscar una solución, para que luego digan de la improvisación latina y la rigidez escandinava, meros lugares comunes.

Gracias al cansancio y al miedo a la lluvia en un camping, acabamos cerca de goteborg, en una casita muy mona con una pareja simpática y encantadora y, sobre todo, relajada. En el lago de al lado nos dimos un baño fantástico, conocimos a los padres de él y su curiosa casa, vimos a los ciervos al atardecer, aprendimos a hacer hormigón, cenamos y desayunamos con ellos, jugamos a juegos de mesa y charlamos mucho. Conocimos goteborg cogiendo un cómodo y perfecto tren y luego un barco por el río, que iba incluido en el precio. La ciudad es muy agradable y el parque espléndido. Pensamos ir a Fjallbacka, en la costa, pero se queda para otra vez.

Como el paisaje era bonito y la pareja de anfitriones, encantadora y como descansamos mucho y charlamos amigablemente más, pues nos hemos ido hoy de ese país vislumbrado de pasada, con mucha indefinible pena y más ganas de volver. Y más cuando hemos sabido que al lado de Noruega, Suecia es baratísimo, que los noruegos van en masa allí a hacer compras mil porque les sale conveniente, como antaño hacíamos nosotros en Portugal. La verdad, lo acabo de comprobar yo hoy al comprar un cesto de fresas a diez euros, menos mal que estaban buenísimas porque si no, se me habrían atragantado.

Y aquí estamos, en Noruega, en una casa muy bonita que nos han enseñado sus amables dueños con entusiasmo y mucho calor humano y aquí estaremos unos días que espero que sean tranquilos para poder coger fuerzas para el largo viaje sucesivo y sus variadas etapas, que ya contaré en otro momento. 

Las fotos en el siguiente.

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