Sevilla: turismo y emociones

IMG_0057Para ser mi ciudad, voy muy poco. Las circunstancias son las circunstancias. La echo de menos. Aunque, cuando voy, la disfruto a tope, estiro el tiempo al máximo y caben muchas emociones.

Si tengo tiempo y a veces, milagrosamente, sucede, hago un poco de turismo como esta navidad, que he visitado por primera vez la hermosa Cartuja, para asombro de todos mis conocidos. ¿Nunca habías ido? ¿Cómo es posible? Pero es que la Cartuja era un lugar perdido y un poco abandonado antes de 1992, momento en el que se recuperó para la ciudad y en esa fecha adorable trabajé como una mona en el pabellón de Italia de azafata y todos los días, mientras me dolían los pies aguantando los horribles zapatos de tacón que nos endosaron, observaba con curiosidad y cierto temor lo que significan las jerarquías para un país como Italia. A un ser viscoso y despreciable que no hacía nada y supongo que cobraba mucho, había que llamarlo “Onorevole” cuando le daba por hacer ronda para controlar a sus subordinados, porque una vez, allá en los tiempos de Alá, supongo que sería parlamentario aunque no quiero pensar en su trayectoria vital. Su mano derecha era una mujer andrógina, seca y controladora que me recuerda mucho a Aunt Lydia, el terrible personaje de la Atwood que yo he conocido a través de la serie “El cuento de la doncella”.

Cuando terminé tan linda y útil experiencia, trabajé unos meses en una librería y más tarde me largué para siempre jamás. Así que teniendo en cuenta todo esto, no sé por qué asombra tanto que no conociera La Cartuja.

IMG_0062Cuando voy a Sevilla inicio un carrusel de visitas y quedadas que ríete de la agenda de un ministro. No ha lugar a mucha cultura ni visiteo por desgracia. Pero esta vez además de La Cartuja, que tiene un jardín precioso remanso de necesaria paz, vi una exposición en el nuevo Caixaforum y hasta fui a dos sesiones de cine español seguidas en mi querido cine Alameda, que tantos gratos recuerdos me trae.

Lo peor es eso: los recuerdos. Cuando caminas todos los días por la ciudad en la que vives, no piensas tanto en recuerdos significativos, la costumbre se apodera de lo relevante, pero cuando visitas la que fue tu residencia en años fundamentales solo unos días al año, te topas continuamente con emociones fuertes y a cada paso que das te parece estar recorriendo de nuevo tu vida. Es muy intenso, a veces resulta excesivo pero no lo puedo evitar.

IMG_0067Además de a familiares, veo siempre a mis tres amigas de juventud. Hay más amigas, a las que a veces veo también con mucho gusto pero nosotras formamos un grupo, en el que yo estoy un poco de pegote, porque me resisto a irme del todo. Cada vez que tengo la suerte de estar con ellas, me siento muy bien. Son estupendas.

Pero en navidad, además de mis encuentros con ellas y con otras dos amigas muy importantes, hubo otro muy especial que ocurrió por casualidad. Un amigo había organizado una comida con sus 4 amigos de la adolescencia y a diferencia de nosotras, que nos vemos todos los años, muchos de ellos hacía varios años que no se veían, incluso alguna década. Cuando me enteré, aparecí por allí por la cara como un ciclón rompiendo sin pudor toda aquella armonía y camaradería testosterónica, porque había sentido una emoción difícil de describir cuando supe del encuentro. No podía dejar de ir.

Abandoné una reunión divertida y animada para ir a viajar al pasado.

Fue conmovedor, encantador, divertido y reconfortante. Un regalo inesperado. Me recibieron todos con abrazos, sonrisas, bromas, cariño sincero y piropos varios.

¡Cómo han cambiado! Antes eran unos cactus y ahora se han vuelto encantadores. A algunos, los años les sientan bien.

IMG_0074Cuando era muy joven, salir con ellos significó un aprendizaje fundamental para mí de lo que era el universo masculino. A veces, como era muy amiga y se habían acostumbrado a mi presencia (que en principio alguno de ellos había rechazado un poco), se olvidaban de que había una chica con ellos y se comportaban espontáneamente, como eran de verdad. Y a pesar de que en ocasiones lo que escuchaba me resultaba chocante, nunca les agradeceré lo suficiente que me admitieran de tú a tú en su mundo. Una infiltrada… Aprendí y crecí mucho con ellos.

La amistad con el otro género y más en esas épocas de explosiones hormonales, es muy complicada. Se mezcla tarde o temprano con el sexo. Pero, a pesar de eso y por encima de todo, fueron mis amigos y los quiero mucho.

Ese día me fui corriendo de una reunión de amigos a otra con lágrimas interiores (no suelo llorar mucho por fuera) pero todos aquellos encuentros, recuerdos y emociones profundas, me reconfortaron tremendamente y me dieron una energía positiva gigantesca con la que he tenido la suerte de empezar el año. Una mochila de felicidad.

Preciosas casualidades. Emotivos reencuentros.

Gracias, Sevilla

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Valencia: parada feliz

IMG_0028Mientras preparamos las vacaciones en América de este verano y espero con impaciencia otros desplazamientos más cercanos temporalmente, me distraigo pensando en las etapas de nuestro último viaje navideño. Volver con la mente a lo vivido o anticipar futuras vivencias me reconforta y anima, en un día gris como el de hoy.

Otras cosas que me reconfortan y mucho son conciertos maravillosos como el de ayer de Brad Melhdau (uno de mis músicos favoritos) al que tuve el privilegio de asistir y las charlas con las amigas, que esta semana se me han dado particularmente bien. A veces no queda uno con nadie en semanas y, de repente, en una semana, ve una a 4 o 5 amigas diferentes.

Esta semana, para que hubiera de todo, he asistido también a un entierro, el de un querido vecino y ha sido algo extraño para mí, que casi no he ido nunca a uno. Eso de ser emigrante tiene estas cosas, estás lejos para lo bueno y para lo malo, en la salud y en la enfermedad. Ha sido doloroso aunque emocionante y hermoso a la vez. Un rito laico con canciones de la resistencia y de De Gregori y palabras vibrantes y a la vez contenidas de amigos y parientes. Breve. Intenso. Me hizo pensar mucho y a la vez me cansó como si hubiera subido al monte Sinaí.

IMG_0024A lo que iba, que me desvío: Valencia. Prácticamente no la conocía porque había estado allí solo una vez y nos hacía ilusión parar allí. El apartamento era barato, moderno, amplio, hermoso y estaba en pleno centro. No hay queja ninguna. Como siempre, nos da igual la hora, nos lanzamos al primer bar como si fuéramos náufragos que no han comido en un mes y pedimos pulpo a la gallega y otras especialidades con ansiedad y alegría. Nos miran raro porque a las seis de la tarde uno no come esas cosas pero en España los horarios son flexibles y no pasa nada.

El tiempo, maravilloso, pasas del frío del invierno a casi 20 grados y sol, como en el sur con una alegría difícil de describir.

IMG_0022Mucho paseo y mucho bar. El centro es muy bonito y agradable, lástima que fueran fiestas porque siempre hay más gente de la cuenta.

IMG_0033Lo que ya nos encantó del todo fue la excursión del día siguiente a la albufera, a El Palmar a comer exquisitos arroces que parecen de otra dimensión y otras maravillas. Una buena comida te reconcilia con el mundo si andabas enfadado o tan solo, un poco agobiado. No había tiempo para la excursión en barquito, se queda para otra vez pero de allí salimos a nuestra siguiente etapa, Villarrobledo, reconfortados, satisfechos y felices.

Creo que nos volveremos a parar allí si nos da por volver en coche otras veces.

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Call me by your name: pasiones y emociones intensas

CallMeByYourName2017A mi hija esta película la ha emocionado y ha querido volverla a ver, esta vez conmigo.

Quizás no la hubiera visto yo si no, así que tengo que agradecérselo, aparte de que está siempre bien compartir cosas que nos han gustado con la gente que nos importa.

Es una película lenta en la que ocurren pocas cosas. Se trata de la historia de una pasión, desde que nace hasta la dura ruptura final. Todo concentrado en pocas semanas de vida del chico protagonista. Un amor de verano. Pero el tiempo, como sabemos, es relativo.

Por un lado, está el típico tiempo perezoso del estío. Las horas que pasan unas iguales a otras, la languidez, el aburrimiento, el calor, la pereza, los baños, los paseos, estar tumbados, leer. Dormir, no dormir. Los horarios se extravían, los días se suceden y el calendario desaparece por un momento.

Por el otro, está el tiempo de los sentimientos. El que no pasa cuando se está a la espera de una cita, de una palabra o de un gesto. El que vuela sin notarlo cuando se está junto a la persona a la que se ama, cuando no se sienten frío ni calor, ni hambre ni sed. Cómo de repente se vuelve frenético y las horas galopan cruelmente y se agotan hasta que llega la cita ineludible con el final.

Los peros que le pongo tienen que ver con el hecho de que todo parece perfecto en el entorno de Elio: su familia, culta, comprensiva, abierta, educada. Su casa, maravillosa. Su cocinera Mafalda, que ya la quisiera yo. Su amiga-novia sensible y encantadora. El objeto de su amor inteligente, apolíneo, delicado. Él mismo: plurilingüe, músico, lector infatigable.

Todo rezuma cultura y perfección. Son seres de otro mundo paralelo.

Mas hay que decir que el retrato que delinea de una pasión, con toda la fuerza arrolladora con la que aparece cuando se es adolescente y se enamora uno por primera vez; es muy completo y acertado y el actor protagonista, un chico prodigio capaz de hacer creíble cualquier emoción, desde las más leves y sutiles hasta las más atronadoras y excesivas. Admirable actuación realiza.

Están presentes todas las fases: simpatía e interés inicial, principios de celos, despecho por no ser el único objeto de las atenciones del amado, intuición de la pasión que está a punto de estallar con los miedos, dudas y desvelos que lleva aparejados; declaración con la valentía que proporciona el sentimiento desmesurado; momento explosivo en el que se producen insomnio, obsesión y locura, cuando la pasión es correspondida; euforia y felicidad absolutas cuando se disfruta de la compañía del amado y al final, caída, vacío, desolación y tristeza infinitas cuando lo pierde.

Un sufrimiento como nunca lo había sentido, que tiene la misma intensidad que la pasión que lo ha provocado.

Pero todo esto está expresado con comedimiento, sin aspavientos ni grandes gestos, ni rasgado de vestiduras. Con elegancia y contención. A pesar de la perfección y del sentido estético exacerbado del contexto, la historia de una relación que cuenta esta película, merece la pena. Hay que verla sin prisa.

Uno se acaba sintiendo, más que en otras ocasiones, un voyeur, un testigo incómodo de una relación íntima entre dos personas, a pesar de que las escenas de sexo sean extremadamente delicadas y poco explícitas. El espectador se convierte en un voyeur de sentimientos.

La historia te atrapa poco a poco y acaba calándote hondo. Te habla al corazón.

Y el mensaje que lanza es hermoso: la vida con mayúsculas, las pasiones, siempre merecen la pena aunque el dolor de la caída cuando terminan, sea directamente proporcional a la intensidad de los sentimientos y de la felicidad que se ha sentido previamente.

El padre del chico se lo dice en un discurso consolatorio hermoso, contenido y profundo: si tienes al alcance una posibilidad así, no debes dejarla escapar porque es un privilegio único. Debes lanzarte a sus brazos aunque a la postre el sufrimiento que llegue, pueda paralizarte. Has hecho bien, hijo mío.

It’s worth it.

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Aviñón, parada hacia España

IMG_0009A Francia vamos aposta muchas veces pero también la atravesamos porque está ahí en medio, entre varios países y España, así que aprovechamos cada vez para pararnos en sitios distintos y conocer cosas nuevas. Tiene mucho que ver y forma parte ya de nuestra cotidianidad de las vacaciones.

La parada de esta navidad fue en Aviñón, ciudad hermosa con murallas muy bien conservadas y el famoso palacio de los papas.

Paseamos mucho, nos comimos un crepe al limón con avidez y alegría, hicimos alguna foto y a dormir, que al día siguiente había que viajar mucho hasta Valencia.

En el recuerdo va unida a la euforia del primer día de vacaciones, con tantas experiencias por delante esperándote… Son días especiales.

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Esta es la foto de un bonito cine de época que hay allí con un bar y un restaurante con mucha solera.

A la vuelta nos paramos en Perpignan porque veníamos desde Madrid y no hice fotos porque era ya de noche cuando llegamos y llovía. Es también una ciudad agradable en la que había estado ya pero de la que no recordaba mucho. Nos encantó un bareto que encontramos y en el que nos tomamos un vino y unas anchoas exquisitas (españolas, hay mucha influencia de España, ya que está al lado).

El gusto del camino

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Un apunte sobre la nueva caza de brujas

Soy mujer y he sufrido yo también algún que otro abuso. Así que me tengo que sentir emocionalmente más cerca de las otras mujeres (y hombres) que ahora se lanzan en masa a acusar a unos y otros.

Pero no. Me siento cada día peor porque no me gustan las cazas de brujas, las acusaciones volantes sobre hechos acaecidos (o no) hace mil años y la súbita desconfianza y terremoto que provocan.

Hay que denunciar este tipo de hechos (y cualquier abuso, y los hay de muchos tipos) en el momento en el que se producen. Sin miedo. En cambio, eso no sucede. Y ahora, que se ha abierto la veda y hasta está de moda contar con pelos y señales episodios escabrosos del pasado y provocar la caída de algún director, productor, actor, etc; pues ahora todo el mundo se desahoga (hombres y mujeres) y se relame viendo todo lo que ocurre en parte gracias a sus declaraciones.

No sé. Creo en los tribunales. Woody Allen ya pasó por uno y salió indemne. Es verdad, no son infalibles pero son mejores que los cotilleos, los despechos, los desequilibrios de la gente. Hay peritos que estudian las pruebas, hay expertos que siguen unas reglas y hay unas penas que cumplir si el acusado resulta declarado culpable.

Como cinéfila me duele pensar que un genio de ese calibre, a esta edad venerable en la que encuentra ganas todavía de hacer películas no sé cómo, vea cómo de repente puede que no se estrene su última película, que la mayoría de los actores no quiera trabajar con él ni las productoras producirle un film.

¿Se ha vuelto todo el mundo loco de repente? Si tuviéramos que hacerle boicot a cada escritor, pintor, cineasta, intelectual, etc por algún episodio escabroso y equivocado de su pasado, por algún abuso sobre alguien; ¿quién nos quedaría? ¿algún santo? ¿un suertudo, al que nadie ha acusado, justa o injustamente?

Kevin Spacey será un gilipollas (la mayoría de los actores lo debe ser, o al menos muchos de los que llegan tan arriba, a fuerza de tanta adoración acaban creyéndose dioses en la tierra), pero es un gran actor. Y esa movida de volver a rodar escenas ya grabadas por miedo a que la última peli en la que trabajó no se vea, ¿dónde se ha visto? Yo hago boicot a esta peli que han estrenado, porque no me parece justo eso que han hecho. Como persona, me da igual, pero como actor siento pena si no voy a poder volver a ver un trabajo suyo.

Muchas mujeres usan el poder seductivo para llegar más arriba, para conseguir cosas (son muy libres, cada uno usa las armas que tiene) y temo que algunas de esas mismas mujeres, no tienen escrúpulos a la hora de acusar a algún “abusador” de algo a lo que ellas mismas consintieron en su momento.

También hay otras víctimas verdaderas que quedan traumatizadas y su vida ya no es la misma después de haber sufrido abusos. Es terrible. Son asuntos turbios que se mantenían en secreto (en el siglo de oro, si se sabía que una mujer había sido violada, la deshonra era para ella, que manda huevos). Es necesario que salgan a la luz hechos terribles pero hay que denunciarlos a la policía, emprender acciones legales y esperar las sentencias en los tribunales. ¿O es que hemos vuelto a la Edad Media y nos tomamos la justicia por nuestra mano y a la primera acusación, hala: fuera de circulación, sin haber probado nada? Condenado al ostracismo por miedo a que la gente no vaya a ver las películas…

Todo esto de las acusaciones volantes y los efectos inmediatos, me da miedo, pavor y mucha tristeza.

Supongo que ha sido como una caja de Pandora y ahora todo el mundo ha visto el momento de aligerar el fardo que llevaba, de vengarse, de llamar la atención, qué sé yo.

En fin, no sé adónde nos conducirá todo esto pero, ya digo, miedo me da. Y eso que por mi condición y mi historia, estoy más cerca de las víctimas de abusos que de los abusadores.

Pero, por encima de todo, no quiero vivir en una sociedad en la que haya ningún tipo de caza de brujas a todas luces injusta.

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Apple tree Yard: miniserie de la BBC

MV5BNDNhZDUxYjktMzI2Zi00ZDhjLTlmZDYtOTM4ZDRlNWFiYTA4L2ltYWdlXkEyXkFqcGdeQXVyMjExMjk0ODk@._V1_SY1000_CR0,0,706,1000_AL_En Inglaterra hacen las cosas bien. Bien con mayúsculas. Con seriedad y rigor. Con calidad temática y técnica. Con esos actores, dios mío, ¿de dónde salen esos actores? ¿La famosa tradición shakespeariana? ¿Hay mucha competencia y por tanto arriba llegan solo los mejores? No lo sé pero les tengo mucha admiración.

En Italia vemos siempre demasiada exageración, demasiada afectación, viene de la Comedia del Arte, viene de lo apasionados y exagerados que son por carácter, no sé de dónde viene. Exagerar se les da muy bien. Demasiado.

Pero ese arte del comedimiento, de la naturalidad, de lo mucho que se puede concentrar en una mirada o un gesto, todo eso lo dominan los ingleses, desde la estrella más rutilante al secundario más olvidado.

Cuando vamos al teatro en Londres, salimos siempre diciendo: dios mío, gracias por habernos dado la oportunidad de disfrutar de esta maravilla.

Pero no hace falta ir al West End (aunque no me importaría hacerlo cada poco, estar en esa ciudad fantástica que es Londres, que te conquista poco a poco y te cala hasta los huesos, con su sencillez y su humanidad y su variedad, su naturaleza y elegancia), se puede gozar muchísimo viendo las películas o series inglesas.

Taboo-no-regresara-hasta-2018-o-despues_landscapeAcabamos de ver dos: Taboo, con un actor que me gusta mucho, Tom Hardy, que es una especie de historia similar a las de Dickens pero con elementos mágicos, surreales, sobrenaturales y con mucha intriga. Un superhéroe dark fuerte e inteligentísimo, de muy pocas palabras e ideas muy claras, con una banda de compinches desharrapados. Hay mucha acción, sorpresas, sufrimiento. Es original. Engancha aunque entiendo que puede no gustar, es extraña, mezcla algunos géneros y a la postre, resulta bastante increíble, yo diría que está bien para entretener pero hay que aguantar más allá del primer episodio, que es raro y oscuro y no se entiende mucho.

Y Apple Tree Yard con Emily Watson y Ben Chaplin. Otro estilo, otra época: la nuestra. Un thriller con mucho erotismo, algo de violencia, una buena parte de juicio (me encantan las buenas películas sobre juicios y toda la suciedad humana que se esconde bajo ese actuar ceremonioso y esas palabras tan bien pronunciadas. Ese desorden bajo el orden) y mucha reflexión. Ella es fantástica, ya nos demostró de qué era capaz en Rompiendo las olas de Lars von Trier (escalofriante, la película y su interpretación), aquí es la protagonista absoluta y no hay tantas mujeres de cincuenta años protagonistas absolutas de una ficción. Como tengo casi esa edad y, como ella, una vida ya establecida, con su trabajo, su matrimonio, sus hijos y todos esos equilibrios y seguridades; no puedo hacer otra cosa que “inmedesimarmi” en su papel, sumergirme totalmente en la fascinante historia de esta mujer que se asoma al abismo por perder la cabeza por un desconocido en un momento dado. En realidad no solo por eso, porque lo que empeora las cosas es una brutal agresión que sufre; aunque esta “locura amoroso-sexual” ya de por sí abre una espiral de mentiras, ocultaciones, alejamiento de sus seres queridos, sensaciones contrastantes, “thrill” en definitiva, eso que nos falta a las personas que vivimos la vida de manera juiciosa. Echas de menos lo animal, lo salvaje, el precipicio, la juventud, la inconsciencia, el riesgo. Eso está ahí, latente. Puedo entenderlo muy bien. La tentación de la adrenalina. Sliding doors…

El resto de la historia la forman unas determinadas decisiones que ya ninguno de nosotros espectadores sabemos si tomaríamos en su caso o nos iríamos por otros derroteros más racionales y lógicos. Cuando la vida nos coloca entre la espada y la pared se abre un territorio desconocido muy interesante de explorar, al menos en la ficción.

Está muy bien rodada, en todo momento hay tensión, te engancha, te hace pensar mucho, también sufrir. Hay datos que desconoces y que se van revelando poco a poco. Sorpresas. Lo vives casi como si de una amiga se tratara, ella tiene una muy buena amiga que sufre con ella y es con la que más te identificas al final. Sabes que es una buena persona, una persona normal como tú, que en un momento dado se mete en un buen lío y puede costarle todo. La pesadilla más terrible que todos tememos.

Los personajes están muy bien dibujados, el amante (el típico príncipe azul que al final todas deseamos encontrar – el daño que han hecho los cuentos tradicionales en nuestra débil psique…-), capaz de cualquier cosa por ella, que parece tan perfecto y seguro y que pierde los papeles de esa manera… Aunque en el fondo, él representa esa parte de irracionalidad y locura que está en nosotros y a veces estalla con todas sus consecuencias. La delgada línea, tan fácil de atravesar y cuya vuelta atrás es imposible.

El marido, que es un hombre magnífico pero que es imperfecto y alguna vez cae en tentaciones (tiene la misma edad que ella, la mediana edad en la que se sufre antes o después la famosa crisis).

Los hijos con sus reacciones contradictorias cuando ella cae. Su hija, que ha seguido los pasos de la aparente perfección de su vida, le da la espalda cuando ve que su madre no es tan perfecta como ella creía, sino que es capaz de las tonterías más grandes, como cualquiera, o sea, que es humana. Su hijo, que está completamente alejado de ella por verla demasiado perfecta y sentirse inferior e indigno (tiene problemas psicológicos), se acerca mucho y le da mucho calor cuando las cosas le van mal. Es entonces cuando la ve humana y la barrera que existía, se fragmenta. Por lo que ahí va una interesante reflexión: toda experiencia, por negativa y devastadora que sea, aporta algo, a veces más de un aspecto positivo. Y otra: la característica nuestra que encanta a algunos, otros la aborrecen. Todo es una cuestión de puntos de vista.

Cómo te ven los demás, cómo te ves tú misma, las inseguridades e incertezas de cada uno. Las tentaciones. El dolor, el miedo. Las decisiones equivocadas. El hilo que divide la racionalidad de la irracionalidad… El deseo, el amor, la familia. Lo legal y lo ilegal.

Muy buena, a mí me ha encantado. La recomiendo con fervor.

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Tavira, una excursión improvisada

IMG_0088Nos gusta mucho ir a España en navidad a pesar de ser lo que siempre hacemos. No somos gente de costumbres, nos gusta variar pero ir a España supone una importante tregua con respecto a obligaciones, fríos y oscuridades propios de la estación. La mayoría de las veces vamos en avión porque es más lógico pero esta vez nos hemos dejado llevar por la aventura y hemos ido en coche. Así superaba de una vez la experiencia traumática del asalto de ladrones en carretera, que tuvimos que sufrir la última vez que se nos ocurrió semejante tontería.

He superado tormentas de nieve con éxito (mientras estaba siguiendo las huellas del coche que iba delante, rodeada de nieve por todas partes como en Fargo, intenté no ponerme nerviosa y ser positiva y me sirvió, salí del atolladero y agradecí esa suerte a los dioses), vendavales de viento y demás obstáculos. Y lo importante es que hemos conocido sitios nuevos o vuelto a sitios poco conocidos. Y disfrutado todo lo que hemos podido.

De Aviñón, Valencia o Perpignan hablaré en otro momento, o no. De Sevilla, Punta Umbría y Madrid (los lugares a los que siempre vamos), pues también. Todo no puede ser hoy.

IMG_0089Me apetece hablar de Tavira, por lo que supone para mí.

Nuestra reunión familiar es muy difícil, por ser muchos y por tener una situación problemática. A veces es casi imposible de soportar, por eso necesito aire fresco.

Venía de pasar tres días muy buenos en Sevilla viendo a gente a la que quiero, recorriendo la ciudad, viviendo emocionantes reencuentros con viejos amigos. Estaba pletórica y llego y me encuentro con una situación insostenible, así que decidí a bote pronto hacer una excursión a Portugal al día siguiente. Es algo que siempre hacíamos antes y ahora, jamás.

Me dije: tengo coche, tengo libertad. Vamos a aprovecharla. Mi hija cogió al vuelo la propuesta y allá que nos fuimos las dos solas. A respirar aire fresco, a relacionarnos, a vivir. Hacía un día espléndido, paseamos por Tavira y comimos de miedo en una terraza al sol. Como los verdaderos turistas, como muchos ingleses que había por allí. Siempre sorprenden la amabilidad y tranquilidad que poseen los lusos. Mi hija estaba encantada. Decía que quería un novio portugués.

IMG_0090Aproveché para contarle batallitas de mi juventud, que parece apreciar. Escuchamos música, hablamos mucho y a la vuelta, ella se durmió y me dejó sola con mis pensamientos y mis equivocaciones en la carretera, porque me niego a usar el navegador y pasa lo que pasa, vago por los caminos de dios…

Tavira significó la libertad con mayúsculas para mí cuando era muy joven. La primera vez que fui fue con mis amigas íntimas y fue toda una odisea. Había que coger un autobús a Ayamonte, un barco que nos cruzara el río, un tren que recorriera 20 kilómetros en más de una hora, andar un montón hasta donde se coge el barco para la isla e instalarse en un camping sin casi nada de material. Hay que ser joven para hacer todo eso con alegría y desenfado.

IMG_0093Al llegar, aquello era el paraíso, una playa inmensa y preciosa para nosotros, un ambiente relajado y estupendo entre la gente del camping, libertad y más libertad, para desayunar, comer y cenar.

Recuerdo que dormíamos en el suelo (nada de colchoncitos), que comíamos generalmente a base de bocatas de atún (lo increíble es que en vez de cogerle manía a dichos alimentos, siguen siendo de mis preferidos aún hoy, quizás por el sabor a libertad que representan), que no teníamos horarios, orden ni concierto. Que disfrutábamos de las horas, de nuestros nuevos cuerpos, de nuestra amistad, del futuro que se nos antojaba prometedor como el mar abierto que teníamos delante.

Música por las noches (la gente llevaba guitarras), vagancia por las mañanas, cero contacto con nuestras familias. Pobres pero felices.

Volví muchas veces con diferente compañía y mis amigos lo han hecho muchas más por vivir allí al lado, pero nada se puede comparar con aquella sensación de plenitud y felicidad total que sentimos la primera vez, cuando aquello no era conocido todavía y había pocos españoles por allí y poca gente en general. Cuando todo quedaba por hacer y todo era posible. Cuando no me dolía la espalda, ni sentía frío ni calor, cuando solo importaban la compañía y la exploración, el aire fresco y las sensaciones.

Esos hermosos recuerdos los compartí con mi hija y dieron como resultado un día especial.

Eso es Portugal para mí: mi primer país extranjero, mi primera tierra de libertad total. El profundo significado de la amistad.

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