FLEXIBILIDAD

Cuando llegué a Turín una de las cosas que más me sorprendieron era la falta de elasticidad y flexibilidad que encontré a veces. Una piensa que está en Italia y no en Suecia pero lo cierto es que esto era mucho más rígido y nórdico de lo que pensaba. También los horarios eran muy rígidos y la gente comía muy temprano. Más allá de las 14 no te daban de comer.
Ahora los horarios han cambiado, yo me he acostumbrado a comer a las 12 y la gente, en cambio, come a las 14 y hasta más tarde… Algo no funciona. Tengo que irme a vivir más al norte porque ahora que me he adaptado a lo piamontés, las costumbres se españolizan, la gente está en la calle hasta en invierno, hay un montón de terrazas y movida de todo tipo… ¡Lo que son las cosas!

Hasta se han flexibilizado un poco.
Me explico:
Una vez hace años nos pasó una cosa en una enoteca, una tontería, que nos pareció emblemática de la cuadriculez humana. Para acompañar la copa de vino queríamos tomar algo de aperitivo (cuando todavía no se llevaba mucho la costumbre del aperitivo, que ahora encuentras por todas partes y ya no hay forma de tomarte a media tarde una bebida sin tener que pagar un montón por ser la hora del picoteo), y había varias opciones, nos gustaban tanto un platito que había de anchoas con salsita, como otro de queso fresco (tomini), pero no queríamos comer mucho, así que pedí por favor si nos podían poner un plato mixto, un platito con las dos cosas y el hombre se quedó sorprendido y me dijo que esa posibilidad no se contemplaba, que eso no estaba en la carta pero no lo dijo enfadado sino perplejo. Yo sí que me quedé pasmada: ¿qué hay de complicado en poner unas cuantas anchoas y un par de tomini en un mismo plato? Al fin y al cabo, el cliente siempre tiene razón, ¿no?
Esta situación era simbólica, así son a veces los piamonteses, deben ser retazos de la cultura montañera, donde se sabe que la gente es solitaria, arisca y desconfiada por naturaleza. No sé. Creo que el hombre al final nos puso el plato con gran dolor de su corazón por no perder a dos clientes (son también muy comerciantes) pero su cara no la olvidaré nunca. Le rompí los esquemas y no sé bien si esa noche consiguió conciliar el sueño.

Ayer, en cambio, estábamos como en muchas otras ocasiones en la taquería Las Rosas de via Bellezia, muy cerca de casa y me entró nostalgia de un taco que me gustaba mucho y que tenían hace algunos años (les da por cambiar la carta de vez en cuando). Como conozco al encargado y es un chico extremadamente amable, cordial y charlatán me acerqué a él y le pedí el favor: horror de horrores, un taco que no está en el menú… Sé que esto a un camarero no se le puede pedir pero ya que era lunes, no había casi nadie y este hombre me conoce y aprecia, me atreví a hacerlo y eso que no me gusta mucho dar la lata.
¡Me lo pusieron el famoso taco!: pollo, guacamole y tomate fresco. ¡Buenísimo! Y me supo mucho mejor por lo que tenía de capricho personal y porque fue todo un detalle, hicieron gala de una gran flexibilidad y sensibilidad, esforzándose por contentar a una cliente habitual.

Chicos: ya sabéis, a comer tacos a “Las Rosas” y también a beber algún que otro coctelillo que están muy buenos y sientan bien al espíritu. El de piña colada está hecho con piña fresca y está que quita el hipo.
¡Viva la elasticidad!

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Acerca de juegodelmundo

Profesora de español para extranjeros. Vivo en Turín desde hace 20 años. Necesito escribir para comprender mejor lo que me rodea y me sucede, para poner orden en mis ideas. Me apasionan el cine (en versión original), los viajes (soy fan de los intercambios de casa), la lectura, la comida, estar con gente, las novedades. La música (aprender a tocar el piano), el teatro (en especial cuando viajo), la danza contemporánea. Las buenas series de televisión. Traducir textos junto a alumnos buenos. Conversar. Tratar de disfrutar cada momento.
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Una respuesta a FLEXIBILIDAD

  1. Belén dijo:

    Me ha hecho mucha gracia la anécdota de la enoteca. Hace tiempo en un restaurante de Madrid Pablo y yo pedimos de postre una tarta de manzana y le dijimos al camareno si podía ponernos junto a la tarta una bola de helado de vainilla. Se quedó perplejo y se fue a preguntar. Volvió diciendo que no podía ser porque el helado es un postre diferente. Pablo le contestó que no había problema, que pagábamos dos postres. Se volvió a quedar perplejo y volvió a irse a preguntar. Al final después de varios viajes a la cocina nos trajo la tarta con helado y por supuesto pagamos dos postres. Como verás la cuadriculez humana no tiene fronteras…

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