Sitios en los que sentirse a gusto en Turín

Hace tiempo escribí sobre mis sitios favoritos de la ciudad en la que vivo, pero me apetecía escribir otra vez sobre ello, también porque los locales cambian y yo también. Por actualizar la cosa, vamos.

Que me gusten a mí no quiere decir que le gusten a todo el mundo, eso está claro. Ser español te marca mucho, más de lo que uno cree. Buscas cierta informalidad y huyes como de la peste de los camareros estirados, de las fórmulas forzadas de cortesía pronunciadas como un estribillo sin que se sientan verdaderamente, de los horarios fijos y los preconceptos, de las pesadeces, de lo de siempre.

Italia como todos los sitios tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Aunque sea un país mediterráneo, o sea, del que hay que esperarse cierta calidez y flexibilidad, es bastante cerrado para según qué cosas.

Es difícil sacarles a los italianos de convicciones grabadas a sangre y fuego en sus cabecitas o “capi” como por ejemplo que a los niños hay que ponerles “canottiere” (camisetas interiores) en todas las épocas del año, especialmente en invierno. A mí por no ponérselas a mis hijos, más de un maestro me ha reñido y se ha quejado y así seguimos hoy en día, con la polémica de la canottiera de las narices. O bien, lo de que los “tramezzini” (sandwich frío de pan de molde sin corteza) llevan mayonesa porque ese pan es seco. Odio la mayonesa pero esos bocadillos ligeros y blanditos me gustan, por lo que he tenido que luchar mucho con camareros obstinados para que me pongan uno sin la maldita salsa horrible de dios, como si no existieran el queso, el aceite, la mantequilla, el aguacate o cualquier otro interesante ingrediente. O el rollo de los horarios: te sueltan continuamente “es que ahora no es hora todavía de tomarse eso”. Son más cuadriculados que los noruegos, oiga usted. Yo lo que digo es, para él no será la hora, porque para mí sí. Es que me apetece y basta. ¿Por qué tengo que mirar el reloj y ver si es hora de lo que me apetece o no?

La vida es demasiado breve y compleja como para poner horario a los gustos y apetencias…

¡Y cómo se echan de menos la grandes ciudades, con su oferta continua de todo tipo de cosas y su apertura mental!

Y luego está lo de echarte de la mesa porque hay gente esperando. El otro día fui a una pizzeria de San Salvario en la que hacen una pizza buenísima y que tenía unas camareras muy guapas y exóticas, que jamás recomendaré y adonde no sé si volveré, porque el tipo de la caja, con modo brusco y seco, cuando acabábamos de comer el postre y una chica del grupo estaba en el baño; se acercó a nuestra mesa para indicarnos que nos teníamos que ir porque estaba esperando mesa otra gente y ni siquiera habíamos tenido tiempo de sacar el dinero para pagar una cuenta que nos habían traído sin pedirla por supuesto. ¡Qué mala educación! Uno se siente parte de una cadena de montaje, de un modo de hacer caja y basta, de un peldaño más de la economía, un vil miembro de esta miserable y absurda sociedad de consumo. En lugar de sentirse un cliente tranquilo y feliz. ¡Qué pena!

Una vez desahogada con respecto a ese incidente desagradable, diré que un sitio en el que uno se siente a gusto, es aquel en el que te dejan tranquilo y no te agobian, te respetan, te aprecian, te escuchan, aquel en el que se preocupan por complacerte y te sonríen sin forzarse. Un buen sucedáneo de la propia casa.

Y de esos hay pocos en Turín, al menos que yo conozca, pero tímidamente van surgiendo algunos y cuando los vemos, nos precipitamos a probarlos.

Algunos de los sitios mejores son aquellos que forman parte de círculos, o sea, que tienes que tener un carnet que suele costar unos 10 euros al año para poder acceder a ellos. Por ejemplo el circuito de los círculos Arci. Hay muchos, pero al lado de nuestra casa está La Cricca (via Giulio), fabuloso sitio en el que se come muy bien por módico precio, se puede tomar lo que se quiera, o sea, uno puede ir allí como si fuera un bar y beberse algo solamente, se puede jugar al futbolín, al ping pong y al billar o a las maquinitas, se puede fumar porque tiene un patio-jardín estupendo en el que se está fenomenal con el buen tiempo y se ve mucho fútbol, que es la parte más negativa para mí pero indudablemente posee gran atractivo para muchas otras personas.

He ido innumerables veces y más que pienso ir. Se está genial con una persona o con cincuenta, bien con ancianos, niños, perros y demás complementos. O sea, se está siempre bien.

De La Cricca vamos al Bside (via Ravina) y tiro porque me toca. El bside es nuestra segunda casa. Es un gimnasio de escalada al que vamos todos a hacer deporte (solo faltaba yo y me han arrastrado todos a que empiece a hacer el mono por las paredes), con un bar tranquilo en el que relajarse y sumergirse en sillones cómodos tomando algo y una tienda interesante de ropa técnica así como de ropa práctica, cómoda y joven con el dependiente más agradable y paciente del mundo. Lo mejor es la gente: los chicos que lo llevan, que son todos encantadores sin excepción y muy atractivos en su mayoría, lo que convierte al sitio en una especie de paraíso; y los usuarios, que siempre están dispuestos a charlar y a ayudarte o aconsejarte para que mejores.

Da vicio, tanto, que día sí, día no, vamos allí y a veces, cuesta salir, es como un imán que te atrae y no te deja alejarte. Pero es que se respira buen ambiente y eso es lo que quiere uno para olvidarse de tensiones por culpa de alumnos que tienen que aprobar un examen pero no hacen lo suficiente para conseguirlo y lloran, protestan, patalean, suspiran y dan la vara de inimaginables modos. Por ejemplo. También puede uno olvidarse de otro tipo de tensiones.

O Cianci, uno de nuestros restaurante favoritos. Es también el restaurante favorito de otro montón de gente, por lo que no resulta fácil encontrar mesa desgraciadamente. Pero eso forma parte de su idiosincracia. Comes pegado a la gente a la manera de los locales de éxito parisinos, la carta incluye solo especialidades locales y varía poco, todo está buenísimo y es muy barato. El ambiente es informal y distendido, no se paga cubierto y cuesta igual almorzar que cenar. Pagar hoy en día 25 euros después de haber comido bien dos personas, tanto para cenar como para almorzar un domingo, bebiendo vino también, entra dentro de lo milagroso. Por eso está perennemente lleno. Que la gente no es tonta y si un local funciona, por algo será.

En realidad solo quería escribir sobre el bar en el que estuve ayer. Uno nuevo en via Modena, que es uno de esos sitios modernos que ves por las metrópolis, que es un taller-tienda de bicis, además de un bar cafetería. Lo mejor es que me sentí por un momento en Londres y esa sensación, os lo aseguro, es muy difícil de sentir en Italia. Ambiente relajado, nadie que esté encima, cada uno hace lo que quiere. Se puede estar solo leyendo o trabajando, con alguien charlando tranquilamente, se puede tomar lo que se quiera, o sea, una cerveza a las cinco de la tarde por ejemplo y enfrente de mí había una chica con el pelo blanco al lado de un chico con barba. No quiere decir nada esto, solo que quedaban muy bien con respecto al resto del ambiente y así os hacéis a la idea del tipo de local del que estoy hablando.

Ojalá sigan abriendo sitios así, esos detalles dan mucha esperanza. También el hecho de que la gente se lance como loca a los sillones que ofrecen sitios como Exkki, que ya era hora hombre, que parece que buscan sillas incómodas, a ver si el cliente consume rápido y se marcha pronto…

Mejor todavía, que se coma algo de pie, que para algo es más barato que consumir sentado y luego si te he visto, no me acuerdo.

Come, come, paga, paga, ponte la “canottiera”, trágate los “tramezzini” con mayonesa, respeta los horarios, no protestes y sal corriendo dejando tu lugar a otro cliente, que la cosa está muy mala, hay muchos impuestos y a los comerciantes les va de mal en peor.

¡¡No me extraña que les vaya mal, la verdad, con esa mentalidad!!

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Acerca de juegodelmundo

Profesora de español para extranjeros. Vivo en Turín desde hace 20 años. Necesito escribir para comprender mejor lo que me rodea y me sucede, para poner orden en mis ideas. Me apasionan el cine (en versión original), los viajes (soy fan de los intercambios de casa), la lectura, la comida, estar con gente, las novedades. La música (aprender a tocar el piano), el teatro (en especial cuando viajo), la danza contemporánea. Las buenas series de televisión. Traducir textos junto a alumnos buenos. Conversar. Tratar de disfrutar cada momento.
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