En coche a noruega

Hace unos años fuimos a Dinamarca en coche y nos gustaron mucho las etapas intermedias por Alemania. Este año el viaje era más largo y las etapas se sucedían entre Alemania, Dinamarca y Suecia.

Ahora, que acabo de llegar a mi destino, ni me lo creo pero no por la distancia (los mismos 2.000 kilómetros que separan Turín de mi ciudad natal), sino por el cansancio de una semana de trajín y porque impresiona. Y más impresiona el viaje que me espera de Oslo a León, pero eso llegará luego.

De momento hemos vuelto a Lindau, con su camping en el lago de Constanza o Bodensee, su instructor de barbacoas perfectas (siempre tienen a un tipo haciendo cursos a la gente sobre barbacoas y parecen divertirse mucho), su paseo largo hasta el pueblo, su bar alternativo al lado de la estación, sus fritz colas y limonadas (esa marca alemana de refrescos me gusta mucho), su ruido de trenes. Fue nuestra primera noche de camping hace cuatro años y está a una distancia razonable de Turín, desde cuyo centro te plantas en Alemania en una mañana pasando por Suiza y un poco de Austria y Lichstenstein, es divertida tanta frontera inexistente.

La vez pasada la siguiente etapa fue Rothemburg, que es una ciudad pequeñita muy bonita y llena de japoneses y camas con dosel. Allí hemos ido tres veces y nos gusta recorrer su muralla y tomar un exquisito zumo de manzana recién prensada, además de disfrutar de rica merienda en un merendero al lado del río, en la parte baja, que se llama unter den linden. Un locus amoenus delicioso que recomiendo a los amantes de la sencilla buena vida.

Pero esta vez había que recorrer más trayecto y llegamos a Wercingerode, cuyo nombre evoca viejos jefes galos pero que no tiene un gran interés. Un pueblo alemán un poco mono con sus cervecerías y demás locales en los que le gente cena a las seis, va uno subiendo hacia el norte y tiene que acostumbrarse a estos extraños horarios. Allí fuimos a un hostel barato en lugar de al camping porque daban lluvia y además, no aguantamos mucho de vida espartana.

Directos a la isla de Møn en Dinamarca por segunda vez. El resto de la isla como la otra vez lo vemos desde el coche por falta de tiempo y está llena de campos suavemente ondulados de colores diversos y de casitas monas, pueblecitos enanos y vistas al mar. Pero la punta te ofrece unos acantilados blancos de ensueño, unos bosques y paseos preciosos, unas vistas increíbles y muchos fósiles. En el camping es gracioso porque el bar y la tienda lo llevan una pareja de la que ella es andaluza y él argentino, por lo que el personal o habla andaluz o argentino y se hace raro y a la vez gracioso. O sea, no hay problema de entendimiento allí, pero sí de dolor de piernas porque la tienda la pones lejísimos de los servicios y del bar y de todo y te pasas el día andando. Al anochecer te fríen los mosquitos y sale a pasear un ejército de babosas pero en el jardín floreal que tienen, la luz es hermosa.

Es un camping que está muy bien, lo recomiendo. Quizás volvamos, quién sabe. La segunda noche soplaba el viento de manera terrible y entre eso (que no te deja dormir bien) y las previsiones de lluvia, nos lanzamos a buscar alojamiento no campero para nuestras dos noches suecas…

Para llegar a Suecia se pasa el famoso puente de la serie Broen y eso me hizo mucha ilusión a pesar de que te clavan por usarlo, aunque no tanto como en el ferry de Alemania a Dinamarca (ahí preparad los bolsillos y no digo las tarjetas porque curiosamente no funcionaban y digo curiosamente porque en estos países se usa la tarjeta hasta para comprar un chicle como me contaba la gaditana del camping).

Cuando preguntamos a la pareja sueca de las habitaciones de airbnb que encontramos si podíamos quedarnos, nos dijeron que esperaban huéspedes el viernes pero que si lo necesitábamos, podían buscar una solución, para que luego digan de la improvisación latina y la rigidez escandinava, meros lugares comunes.

Gracias al cansancio y al miedo a la lluvia en un camping, acabamos cerca de goteborg, en una casita muy mona con una pareja simpática y encantadora y, sobre todo, relajada. En el lago de al lado nos dimos un baño fantástico, conocimos a los padres de él y su curiosa casa, vimos a los ciervos al atardecer, aprendimos a hacer hormigón, cenamos y desayunamos con ellos, jugamos a juegos de mesa y charlamos mucho. Conocimos goteborg cogiendo un cómodo y perfecto tren y luego un barco por el río, que iba incluido en el precio. La ciudad es muy agradable y el parque espléndido. Pensamos ir a Fjallbacka, en la costa, pero se queda para otra vez.

Como el paisaje era bonito y la pareja de anfitriones, encantadora y como descansamos mucho y charlamos amigablemente más, pues nos hemos ido hoy de ese país vislumbrado de pasada, con mucha indefinible pena y más ganas de volver. Y más cuando hemos sabido que al lado de Noruega, Suecia es baratísimo, que los noruegos van en masa allí a hacer compras mil porque les sale conveniente, como antaño hacíamos nosotros en Portugal. La verdad, lo acabo de comprobar yo hoy al comprar un cesto de fresas a diez euros, menos mal que estaban buenísimas porque si no, se me habrían atragantado.

Y aquí estamos, en Noruega, en una casa muy bonita que nos han enseñado sus amables dueños con entusiasmo y mucho calor humano y aquí estaremos unos días que espero que sean tranquilos para poder coger fuerzas para el largo viaje sucesivo y sus variadas etapas, que ya contaré en otro momento. 

Las fotos en el siguiente.

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Acerca de juegodelmundo

Profesora de español para extranjeros. Vivo en Turín desde hace 20 años. Necesito escribir para comprender mejor lo que me rodea y me sucede, para poner orden en mis ideas. Me apasionan el cine (en versión original), los viajes (soy fan de los intercambios de casa), la lectura, la comida, estar con gente, las novedades. La música (aprender a tocar el piano), el teatro (en especial cuando viajo), la danza contemporánea. Las buenas series de televisión. Traducir textos junto a alumnos buenos. Conversar. Tratar de disfrutar cada momento.
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Una respuesta a En coche a noruega

  1. arantxanoren dijo:

    Me alegro mucho de que os haya gustado Suecia.
    Espero que, como dicen los suecos, “tengáis suerte con el tiempo”. Aquí no hemos visto mucho el sol.

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