Siempre nos quedará París

IMG_0296Algunos sitios adquieren un aura mágica en las películas y los libros, se instalan en el imaginario colectivo y ahí están, irreales por demasiado hermosos o demasiado míticos ¿es por eso que son tan hermosos y especiales o es que lo son de verdad y por eso inspiran obras y maravillas?

París es especial de por sí pero para mí es especial a nivel personal.

En el viaje mítico de los once años con mis padres, la vuelta a Europa en 40 días, fue la primera ciudad del extranjero a la que fuimos, por lo que la emoción nos embargaba y recuerdo que flotábamos en el espacio a pesar del peso de nuestras mochilas y la incertidumbre de todo lo que había de llegar todavía. Esa emoción es la que recuerdo mayormente y también que subimos a la torre Eiffel en una época en la que esas cosas resultaban más fáciles y accesibles.

IMG_0268 Luego fue el primer viaje importante que hice con el instituto. Y en esa bendita época de dios que tuve la inmensa suerte de vivir, los profesores se despreocupaban de posibles consecuencias apocalípticas y nos dejaban libres vagar con nuestra minoría de edad y nuestra inconsciencia. Yo no sabía ni francés. Iba con mi querido amigo, que me había animado a ir y fue el que primero me enseñó el Pompidou, que me pareció raro y sorprendente. Y lo sorprendente y verdaderamente raro era esa libertad. Fuimos a patinar sobre hielo, cogíamos el tren de vuelta a casa solos porque cada uno vivía en un lado. Me perdí un día pero no pasó nada, supongo que acabé encontrando la casa o vinieron a por mí o lo que sea. Ahora el recuerdo que prevalece de París de ese viaje, en el que ocurrían desmadres también en nuestras literas, porque nos dejaban viajar de noche mezclados chicos con chicas sin ninguna vigilancia; es aquella libertad. Necesaria, maravillosa e impensable hoy. De aquel intercambio conservo todavía una amistad profunda con una encantadora chica francesa y su pareja. Mi relación con esa lengua va indisolublemente unida a ellos y a su calor humano, inmenso y generoso.

Fue uno de nuestros primeros viajes, de mi pareja y mío. Una de las primeras caminatas interminables que me abrasaron los pies y me llenaron los ojos de sorpresa. Cualquier pequeño restaurante de Monmartre se convertía en el sitio con más glamour del mundo. Lisboa, París, Madrid, Granada, las primeras ciudades en las que nos amamos.

IMG_0264Con nuestra hija pequeña hicimos un viaje también muy bonito dedicado a ella cuando era hija única en el que no faltaron los inevitables y horribles parques de atracciones, el de Asterix y Eurodisney. Ya se sabe, padres primerizos, dedicación exclusiva… Aunque solo a nosotros se nos ocurre meternos el 14 de julio, fiesta nacional, con un calor espantoso en esa máquina de torturar adultos que se llama Eurodisney. A pesar de los pesares, ver la ilusión en la cara de la nena, hizo que mereciera la pena, aunque no hemos vuelto. No hemos tenido el valor.

Otra vez fuimos solos y la descubrimos de verdad, por primera vez dejamos de hacer de turistas y nos dedicamos a recorrerla y vivirla como ciudadanos, a quererla y admirarla, a disfrutar de un enero clemente que nos permitió sentarnos en terrazas y nos infundió ganas terribles de volver infinitas veces.

Una de las veces más especiales, que ya conté en su día en el post “París y el jorobado” fue un viaje regalo a mi hija por sus 9 años, el primer viaje de las dos solas, descubriéndonos, hablándonos, tratándola como mayor que parecía aunque no lo fuera. Leíamos el jorobado de Victor Hugo, subimos a notre dame, visitamos la casa del escritor, montamos en barco, compramos sandalias y comimos helado a la orilla del Sena. Guardo un magnífico recuerdo de ese viaje pero ahora, al volver juntas, me ha confirmado que fue un viaje muy especial para ella, que se le quedó grabado y que probablemente nos unió.

IMG_0291Otra vez fui con mi madre y mi hijo, que tenían muchas ganas de ir y ya ejercía yo de cicerone en una ciudad a la que fui de joven sin tener ni idea de nada. Ahora soy yo la que llevo a la gente por ahí. Voy a sitios que me gustan y siempre descubro otros nuevos.

He ido con una amiga y su hija, amiga de la mía. Las cuatro. Madres e hijas, ellas se hicieron amigas en la escuela infantil y todavía lo son, lo somos. De nuevo un regalo de cumpleaños para las dos. Los mejores regalos son los viajes. Que nos los hagan y que nos los hagamos nosotros mismos.

Y ahora, he vuelto a regalarlo a mi hija por sus 16. Una pausa del estrés de su escuela, del final de curso, un momento para las dos, recortado de las obligaciones. Un redescubrimiento de la ciudad para ella, que no la conocía bien porque fue de pequeña y sus recuerdos estaban un poco nebulosos.

IMG_0281Este viaje ha estado precedido de estrés para mí porque la huelga de trenes (esas huelgas de verdad que hacen los franceses) nos ha afectado, en lugar de salir el jueves por la tarde lo hicimos el viernes, perdiendo medio día y la seguridad de nuestros asientos. Estas cosas hacen que nos tambaleemos un poco y creamos por un momento que todo puede ir mal.

Pero no, a pesar de la huelga y sus imprevistos, París nos ha llenado los ojos con su belleza y su encanto, nos ha unido, nos ha regalado momentos estupendos. Hemos estado en una casa de intercambio preciosa de una familia muy atenta y calurosa, que nos ha invitado a volver cuando no estén. Son generosos, son detallistas. Estoy deseando poder corresponderles cuando vengan aquí. Los intercambios y sus magias.

He vuelto a algunos sitios que adoro, como el Café de l’Industrie (donde almorzamos casi solas el viernes al llegar y le di gracias al cielo por no haber renunciado al viaje, por haber ido contra viento y marea) o el Pique-clops (adonde fuimos tres veces), o la pastelería judía, o la zona del canal y la rue de Charonne.

Volví a comprarme unas sandalias porque no aguantaba las botitas que llevaba, ya que hacía un calor absurdo para ser abril. Nos desnudamos, la ciudad nos desnudó.

IMG_0254 Anduvimos muchísimo, como siempre, vimos espectáculos artísticos audiovisuales en el nuevo Atelier des Lumières, que recomiendo con fervor. Disfrutamos de terrazas y bares espléndidos. Nos asombramos como siempre de la estupidez de las masas, todas haciéndose fotos en la misma postura cogiendo el pico de la pirámide del Louvre. Escuchamos recitar a un actor en un banco de un jardín que repasaba descalzo su papel en la obra en la que trabajaba o quería trabajar. En las Tullerías, sentadas en sus butacas, comimos camembert.

Hablamos, vagamos. Se nos pasó el tiempo volando y se nos quedó el corazón allí.

Si puedo, volveré pronto. La ciudad de las luces, del amor, del placer. Y a un tiro de piedra de aquí, ¿quién da más?

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Acerca de juegodelmundo

Profesora de español para extranjeros. Vivo en Turín desde hace 20 años. Necesito escribir para comprender mejor lo que me rodea y me sucede, para poner orden en mis ideas. Me apasionan el cine (en versión original), los viajes (soy fan de los intercambios de casa), la lectura, la comida, estar con gente, las novedades. La música (aprender a tocar el piano), el teatro (en especial cuando viajo), la danza contemporánea. Las buenas series de televisión. Traducir textos junto a alumnos buenos. Conversar. Tratar de disfrutar cada momento.
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