Comparaciones

Son odiosas, lo sé pero a veces las casualidades te ponen a tiro dos situaciones similares y no puedes hacer más que comparar y a veces, entristecerte.

El día que nos íbamos de Londres cogimos un autobús al aeropuerto y al chofer no le funcionaba la máquina para comprar los billetes pero amablemente nos dijo que montáramos y que más adelante en una estación podíamos pagar los billetes con tarjeta y lo que quisiéramos, era muy simpático y bien dispuesto. Eso no impidió que llegáramos con una hora de retraso porque el tráfico de las grandes ciudades es endiablado, pero eso no era culpa suya. Unos mejicanos perdieron su vuelo pero es que no se puede ir con el tiempo justo y menos en Londres, calculad siempre alguna hora más si no vais en tren al aeropuerto.

Al llegar a Italia casi a las diez de la noche todo fueron problemas. Salimos de los últimos del avión, se pierde tiempo en los pasaportes, recorrimos el aeropuerto de malpensa que es grande medio corriendo sin ver el sitio para comprar los billetes de Turín, fuimos al baño volando y compramos rápido algo de comer. Pero no teníamos ni los billetes ni dinero (los cajeros están arriba en la parte de las salidas y no en la de las llegadas, que es donde hacen falta) y por supuesto no cogen tarjeta en el autobús. Además el chófer era antipatiquísimo, reñía a la gente, protestaba, decía que teníamos que tener el dinero justo, que él no tenía cambio, echó a una persona y estaba dispuesto a dejar tirado a quien fuera porque solo quería irse lo antes posible. Cero humanidad, cero empatía. Pensamos: bienvenidos a Italia. Nos habríamos quedado en el aeropuerto dos horas hasta las doce de la noche (el siguiente autobús) con dos niños si no llega a ser porque a veces uno se encuentra con personas positivas dispuestas a ayudar, una chica americana nos salvó pagándonos los billetes a nosotros y a un chico argentino que solo tenía dólares. Qué bien encontrar a salvadores en los momentos justos. Cuando llegamos, fuimos a un cajero y le pagamos y se lo agradecimos con toda el alma y le lanzamos invectivas e improperios en nuestras mentes al horrible chofer que nos martirizó para más inri con música hortera todo el viaje y no nos dejó dormir. 

Viva la amabilidad inglesa, viva la chica americana. Abajo la antipatía, la crispación, el egoísmo y la barbarie.

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Good bye london

Parecía mucho tiempo estar aquí por primera vez más de dos semanas pero no. Nunca es mucho para un sitio tan inabarcable. Sí es bastante tiempo para conocerla mejor a base de kilómetros en los pies y para llegar a acostumbrarse a vivir en ella, llegar a ver normal esas extensiones inmensas de verde, esas multitudes en hora punta en el metro y por las calles, esa oferta cultural vertiginosa, esa cantidad de turistas continúa, esa mezcla de lenguas, esos acentos ingleses patateros de todas partes del mundo, esos camareros españoles o italianos tan simpáticos, esos museos gratis, esa vida pulsante en Soho, esos teatros de calidad suprema y esos pub con encanto y animación, que tanto nos gustan.

Hoy, para despedirnos, hemos ido a un bar cutre que nos gusta mucho de desayunos muy cerca de st martin in the fields (en cuya cripta hemos ido mucho al servicio y en cuya tienda hemos comprado libros) a comer huevos con beicon; hemos hecho una cola para conseguir entradas para una de las obras del año, the ferryman dirigida por Sam Mendes, a la que ha acabado yendo mi hija porque solo había o carísimas premium o de pie como en los viejos tiempos. Ya no estoy para esos trotes de aguantar un tirón de tres horas de obra de noche de pie, así que la he dejado sola. Hemos ido a la Tate Britain a disfrutar de un gran museo sin multitudes (lo aconsejo vivamente) y de Turner, Millais, Rossetti, Moore, Silver Sargent, etc; nos hemos despedido de las hamburguesas de Byron que a los chicos les pirran aunque les parecen pequeñas y yo he probado por fin el cream tea en un tea room muy cuco que está escondido en Greek Street dentro del pub “coach and horses”, en el que unas japonesas habían pedido el afternoon tea y como no podían con él, lo contemplaban. Si vais a un tea room, recordad que no es necesario pedir dos cream tea (té con scones) o dos afternoon tea (bandeja con scones, Sandwich de pepino y mantequilla, tartas y dulces varios). Con uno vale y así además no se gasta mucho.

En fin, hacia otras latitudes voy y en cada sitio hay cosas interesantes pero se me hace duro pensar que voy a tardar mucho en volver a este país, que me gusta mucho, así que procuraré hacerlo pronto.

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Incendio en camden 

Cada vez que ocurre un desastre en sitios que conocemos y en los que hemos estado, nos sentimos profundamente heridos y terriblemente perdidos en nuestro interior. Por cercanía, conocimiento, cariño, miedo. Por muchos motivos. Con los últimos acontecimientos aquí en Londres, me sentía peor porque estaba a punto de venir. Alguien me preguntó si no me lo pensaba mejor, ya que la cosa estaba difícil últimamente, pero yo contesto ahora y siempre: no. No doy un paso atrás en mis decisiones porque el desastre puede pillarte en cualquier parte. No sabemos dónde ni cuándo y somos más felices gracias a ese cándido desconocimiento. No.

El incendio de ayer en el famosísimo mercado de camden afortunadamente no se cobró víctimas aunque sí causó daños y pérdidas ingentes. Para mí es un shock porque estamos literalmente al lado aunque no podamos decir que nos haya afectado ni que nos hayamos enterado de nada. En lo único en que nos afecta es que queríamos volver esta semana y puede que esté cerrado y no sea posible. Pero impresiona.

Mucho más grave fue el incendio de Doñana de hace pocos días que seguí en directo porque una querida amiga era de las personas que se habían quedado atrapadas en Matalascañas y que pudo volver ya muy tarde a Sevilla por estar cortada la carretera. También me afectó mucho a nivel personal por conocer bien y querer mucho esos hermosos parajes y porque muchísima gente que me importa está a dos pasos de esos inmensos paisajes devastados.

En fin. Tristeza con la que tenemos que convivir, incertidumbre con la que tenemos que lidiar y valentía que tenemos que hallar de alguna manera para que los acontecimientos negativos afecten lo menos posible a nuestras decisiones, actos y experiencias vitales.

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Escapada escocesa

Me ha resultado extraño salir de Londres e ir tan lejos para volver al día siguiente. Había una razón precisa, ir a buscar a mi hija el día en el que acababa su estancia en Edimburgo, pero a pesar de las razones, igual me pareció raro.

Los trenes son rápidos y puntualísimos, muy cómodo el viaje. Dejé una capital veraniega para llegar al fresco, la lluvia, las nubes, el otoño escocés. En la escasa hora que me encontré libre antes de coger el otro tren que llevaba al campus, vi hombres en falda y escuché gaitas. Pensé: qué sitio más marcado, no hay duda de dónde está uno.

En el restaurante mejicano al que entré a picotear, el típico camarero español me indicó la oferta del martes y por módico precio debo decir que comí de miedo.

En el campus, entre rebaños de descarriados jóvenes italianos y atareados acompañantes y profesores (pastores de los rebaños), encontré a una hija que no se me echó en los brazos porque es de natural comedido y retraído, pero sus ojos delataban la impaciencia porque mi rescate se cumpliera. Sus expectativas de clases pseudo universitarias con debates abiertos y cierta libertad de movimiento; no se habían cumplido. Se había sentido un poco prisionera y algo frustrada, aunque sus profesores le han gustado, Escocia también y tras algo insistir, por su parte y la mía, consiguió gozar de horas de libertad tanto en Edimburgo como en Glasgow junto a su amigo de infancia, que viajaba con ella y cuyo reencuentro ha sido muy valioso para los dos. Las horas de libertad no suelen estar previstas para no correr riesgos innecesarios pero cuando se tienen ya 15 años, son necesarias como el aire, el desorden y la guarrería. Recuerdo mi primer viaje importante de grupo con un intercambio a París con su misma edad y tuve una cantidad de tiempo libre por la capital francesa, sin conocer ni la lengua ni la ciudad ni incluso bien el camino de vuelta a la perdida banlieu en la que vivía; completamente impensables hoy en día. Eran tiempos de libertad y relajación que tuve la infinita suerte de vivir.

Rescatada la vástaga y encontrada la residencia en la que nos quedamos (muy barata y bien situada), salimos a dar una vuelta y por primera vez ella me guiaba porque conocía la ciudad y yo no, fue una bonita sensación. Nos asomamos a ver la vista famosa aunque ella tenía cierta reticencia porque pensaba que no íbamos a tener tiempo de verlo todo cuando en realidad era temprano. Paseamos observando edificios de piedra ennegrecida por el paso del tiempo y del tráfico y la falta de restauraciones limpiadoras y protestando por las masas turísticas invasoras de nuestros días, que todo lo estropean. Mi marido guarda una visión idílica de esta ciudad de sus tiempos de viajero joven, pero ya le dije que la cosa había cambiado y se acordó de lo que significa una ciudad turística de hoy. Solo hay tiendas y establecimientos para turistas en la parte alta de la ciudad y gaiteros ataviados típicamente para pedir dinero a la masa informe.

Cansadas, entramos en un pub y luego en un dinner y volvimos pronto a dormir. Demasiados traslados y emociones.

Al día siguiente hacía un día espléndido como ella no había visto en sus dos semanas de estancia en la región, desayunamos maravillosos huevos con beicon y observamos de nuevo a los escoceses arregladísimos porque había unos eventos con la reina. Ya el día anterior en el camino a la residencia, habíamos visto decenas de personas ellas con sombreritos ridículos y ellos o en frac o en kilts y nos habíamos maravillado. Qué contraste con los atavíos guarros de los turistas…

Nos dio tiempo a ver la pequeña pero interesante National Gallery y a darnos una última vuelta, y ya tuve que despedirme de una tierra que se queda para otra vez, porque como ya sé, Escocia es un lugar con clima un tanto inhóspito pero con gentes calurosas y paisajes extraordinarios. Me quedé sin subir al monte precioso que tiene Edimburgo desde el que, supongo, se gozará de espléndida vista. Tengo que volver. Ahora, ella tenía prisa por volver a su ciudad favorita, en la que encontró mucho más calor del que esperaba y a su hermano en bañador mojándose en unas fuentes juguetonas cerca de King’s Cross, en las que los niños flipan.

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Cajeros automáticos y camareros españoles

Empiezo con una recomendación práctica para cuando vengáis a Londres, quizás sirva para otros aeropuertos y destinos, no lo sé: en todo caso aquí ni se os ocurra sacar dinero en los cajeros del aeropuerto. Uno tiende a hacerlo para tener enseguida moneda local en el bolsillo y no verse en un aprieto, pero te clavan con el cambio brutalmente. Concretamente a mí por la misma cantidad que luego he sacado en un cajero cualquiera de la ciudad, me han clavado 40 euros más! Por eso lo digo, a ver si alguien deja de caer en la trampa. Un auténtico timo, total, se paga bien con cualquier tarjeta en todas partes. En todo caso, si os veis obligados, por lo menos que no saquen todos los miembros de la familia (como hicimos nosotros), sino solo uno como máximo. Siempre hace uno de pardillo con algo a pesar de viajar mucho y creerse muy listo. Gajes del oficio.

Luego está la cuestión de la lengua: como dice mi hija, no hay ni un camarero inglés… Hoy la española que nos atendió en un byron, una chica charlatana y simpática que nos explicó exactamente cuánto ganaba aquí y que era mucho más que en España por el mismo trabajo; también nos aclaró que está aquí para aprender inglés e italiano. Tiene razón la muchacha, practicar aquí español o italiano es más fácil que hacerlo con el inglés. 

Como la educación italiana sigue siendo a la antigua para lo malo y lo bueno, el inglés se enseña cómo antes: mal, y las familias hacen esfuerzos y malabarismos varios para pagarles cursos a sus vástagos por lo que cientos de grupos de italianos invaden todo territorio anglohablante con la intención de aprender algo cuando, estando rodeados de “connazionali ” es difícil por no decir imposible, aprender nada. Se ve que con el bilingüismo la cosa en España está mejor, porque la diferencia es bárbara. Hoy en día las escuelas de inglés viven mayormente de los italianos.

Y luego están los españoles, familias, grupos de amigos de todas las edades, jubilados, parejas y camareros variados; están por todas partes.

Vengan aquí a aprender italiano y español, no se arrepentirán. Nativos puros de todos los colores, simpáticos y abiertos. Y de paso, por lo menos leyendo los carteles en el metro o en los museos, pues algo se quedará del inglés, no?

Y ahora me queda mi micro escapada escocesa.

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Teatro en londres


La primera vez que se nos ocurrió ir al teatro estando de vacaciones fue en Dublín. A pesar de las dificultades para entender la lengua, nos gustó tanto la experiencia que ya no concebimos venir a Londres por ejemplo, o ir a Madrid, sin ver algo que siempre merece la pena. 

No es tan caro como se podría pensar, todos los días hay entradas a 10 o 15 libras, que son peores y ofertas de última hora o especiales, de venta el mismo día en los teatros o a través de los sitios de internet. Mi hija quería ver el Hamlet de Andrew Scott, ayer pasé un momento por la taquilla y tenía la oportunidad de comprar entradas laterales a 15 libras o las que compré (espléndidas) a 29 por ir con alguien menor de 30 años. No es barato pero a la vez es un lujo que uno se puede permitir. La sesión era la matiné que suele tener menos gente. 

Sin comerlo ni beberlo allí que nos vimos otro Hamlet, que nos gustó mucho por su naturalidad y cercanía, que es un personaje en general estirado y distante. Disfrutamos de magnífico teatro (no nos aburrimos ni un momento a pesar de la larga duración de la obra y de la dificultad insalvable del inglés de una obra de Shakespeare), de la relajación del público inglés al que no le hace falta arreglarse mucho para ir al teatro y que come y bebe en los descansos y aplaude mucho en un intervalo de tiempo brevísimo impensable para Italia o España, países en los que somos muy pesados y excesivos a la hora de mostrar sentimientos y entusiasmos.

Es un actor extraordinario que le ha dado mucha humanidad, complicidad con el público, multitud de registros y un toque personal a un personaje archisabido e imponente. De verdad fantástico.

Prefiero privarme de otras cosas pero no renunciar al teatro en Londres, donde el nivel de todo lo que te ofrecen es apabullante y donde la simpatía del trato en general de todo el mundo, es exquisita.

Cuanto más vengo, más me gusta.

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Micro post veraniego londinense

Catapultada a otra realidad, otra casa, otro mundo; entro en fase pseudo letárgica y toda actividad que requiera mucha concentración como que no. Pero para no pasar todo el verano sin publicar nada acumulando experiencias que luego me cuesta ordenar y contar, inauguro las micro entradas. Momentos e impresiones sueltas.

Mi casa de Londres tiene varios pisos, dos terrazas, muchos objetos, multitud de libros (se trata de una escritora), unos baños incómodos no pensados para ducharse (algo malo tenía que tener), sus moquetas, sus antiguallas, sus chimeneas (con carbón!), sus ventanales, su historia. Está a dos pasos del mercado de candem pero sin su bullicio, al lado del canal con su encanto sin igual, junto a regents park y primrose hill con su colina y su vista de la ciudad.

Después de tomar un vino con picoteo en la terraza a y de hacer unos ejercicios delante de la terraza b, me he dado una ducha con dificultad y he salido a ver atardecer a la colina y la sensación de bienestar de estar en una ciudad en la que continuamente hay tanta cosa por hacer (tocan los green day hoy en hyde park por ejemplo) y a la vez se puede disfrutar de silencio, verde y paz interior, es increíble.

Vale, no puedo vivir aquí pero este es el tercer intercambio del que disfruto y esta vez dispongo de más de dos semanas para seguir amando esta ciudad. Una suerte perseguida y trabajada pero suerte al fin y al cabo.

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