Teatro en londres


La primera vez que se nos ocurrió ir al teatro estando de vacaciones fue en Dublín. A pesar de las dificultades para entender la lengua, nos gustó tanto la experiencia que ya no concebimos venir a Londres por ejemplo, o ir a Madrid, sin ver algo que siempre merece la pena. 

No es tan caro como se podría pensar, todos los días hay entradas a 10 o 15 libras, que son peores y ofertas de última hora o especiales, de venta el mismo día en los teatros o a través de los sitios de internet. Mi hija quería ver el Hamlet de Andrew Scott, ayer pasé un momento por la taquilla y tenía la oportunidad de comprar entradas laterales a 15 libras o las que compré (espléndidas) a 29 por ir con alguien menor de 30 años. No es barato pero a la vez es un lujo que uno se puede permitir. La sesión era la matiné que suele tener menos gente. 

Sin comerlo ni beberlo allí que nos vimos otro Hamlet, que nos gustó mucho por su naturalidad y cercanía, que es un personaje en general estirado y distante. Disfrutamos de magnífico teatro (no nos aburrimos ni un momento a pesar de la larga duración de la obra y de la dificultad insalvable del inglés de una obra de Shakespeare), de la relajación del público inglés al que no le hace falta arreglarse mucho para ir al teatro y que come y bebe en los descansos y aplaude mucho en un intervalo de tiempo brevísimo impensable para Italia o España, países en los que somos muy pesados y excesivos a la hora de mostrar sentimientos y entusiasmos.

Es un actor extraordinario que le ha dado mucha humanidad, complicidad con el público, multitud de registros y un toque personal a un personaje archisabido e imponente. De verdad fantástico.

Prefiero privarme de otras cosas pero no renunciar al teatro en Londres, donde el nivel de todo lo que te ofrecen es apabullante y donde la simpatía del trato en general de todo el mundo, es exquisita.

Cuanto más vengo, más me gusta.

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Micro post veraniego londinense

Catapultada a otra realidad, otra casa, otro mundo; entro en fase pseudo letárgica y toda actividad que requiera mucha concentración como que no. Pero para no pasar todo el verano sin publicar nada acumulando experiencias que luego me cuesta ordenar y contar, inauguro las micro entradas. Momentos e impresiones sueltas.

Mi casa de Londres tiene varios pisos, dos terrazas, muchos objetos, multitud de libros (se trata de una escritora), unos baños incómodos no pensados para ducharse (algo malo tenía que tener), sus moquetas, sus antiguallas, sus chimeneas (con carbón!), sus ventanales, su historia. Está a dos pasos del mercado de candem pero sin su bullicio, al lado del canal con su encanto sin igual, junto a regents park y primrose hill con su colina y su vista de la ciudad.

Después de tomar un vino con picoteo en la terraza a y de hacer unos ejercicios delante de la terraza b, me he dado una ducha con dificultad y he salido a ver atardecer a la colina y la sensación de bienestar de estar en una ciudad en la que continuamente hay tanta cosa por hacer (tocan los green day hoy en hyde park por ejemplo) y a la vez se puede disfrutar de silencio, verde y paz interior, es increíble.

Vale, no puedo vivir aquí pero este es el tercer intercambio del que disfruto y esta vez dispongo de más de dos semanas para seguir amando esta ciudad. Una suerte perseguida y trabajada pero suerte al fin y al cabo.

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El verano

Aquí llegó el tan deseado verano, el comienzo de mis largas (por suerte) vacaciones…

A lo largo del año escolar se suceden las obligaciones, las citas, los compromisos. Estoy atada. Cuando puedo vuelo pero el vuelo dura poco, sirve solo para coger aire y aguantar la respiración bajo el agua del deber.

Buena parte del tiempo libre me lo paso organizando las vacaciones y pensando en ellas. Y no suelen defraudarme, usamos nuestro tiempo libre haciendo mil cosas diferentes, moviéndonos, siendo libres todo lo que podemos.

A estas alturas de mi vida (casi cincuenta), me siento un poco encerrada, supongo que a todos nos pasa. A pesar de estar satisfechos de la propia vida, somos prisioneros de horarios, deberes, lugares, personas… y nos queda poco margen de maniobra, de improvisación, de creación.

Con lo que respondiendo a las personas que me preguntan o se preguntan por qué me muevo tanto e invento y me desgasto y conduzco y gasto lo que gano, en un afán perpetuo de movimiento, conocimiento y cambio: digo que es mi ventana al mundo este tiempo veraniego, mi paseo al patio de recreo después de horas en mi celda, mi bocanada de aire fresco, mi puerta abierta a algo de aventura. Uno de los sentidos de la vida.

Me queda la satisfacción de saber que a mi hija le pasa igual (y no piensa que vaya rollo sus padres que no paran de jalearla como a un cóctel cuando llegan los calores), que el otro día me decía: ni aunque estuvieran todos mis amigos aquí en masa, querría quedarme en Turín. Necesito este tiempo de cambio, descubrimiento, sorpresas y novedades para coger aire y volver recargada. La miré y sonreí. A mí me pasa igual le contesté, pero ella ya lo sabe. Si no fuera así, no formaría el lío que formo, que cada minuto libre lo quiero convertir en una nueva vivencia…

Ella tiene la suerte de estar ya lejos viviendo experiencias nuevas pero allá que vamos muy pronto el resto de nosotros. A vivir en Londres un tiempo, a conocer Edimburgo junto a ella, a viajar en coche por Europa rumbo al norte haciendo cámping y recorriendo países hasta llegar al sur de Noruega, pasar unos días allí y luego hacia León, de nuevo con varias etapas, monedas, pueblos, lenguas, costumbres… Pasando de una cosa a otra. Alabando algo y protestando de lo que sea. Aprendiendo, viviendo. Olvidando por un momento quién se es la mayor parte del año y mirando un poco en nuestro interior.

Hace calor pero mañana subimos a un refugio a 2.500 metros en el parque del Gran Paradiso para refrescarnos un poco, hacer ejercicio y contemplar maravillas naturales. Algo que hacemos muy poco a pesar de tener tanta montaña cerca. Este mes también hemos asistido a una competición juvenil de escalada en Arco, localidad del Trentino y hemos podido conocer Trento; hemos vuelto a nuestra querida Cesana, localidad de montaña tan familiar para nosotros y he vivido la aventura de ir a Monza a un festival de música (no sé si volveré, demasiadas multitudes) para escuchar a los Radiohead, que me gustan mucho. Estuvo muy bien el concierto (emoción increíble con mi canción favorita Paranoid Android), pero fue cansada y dura toda la organización que le rodeó.

O sea, junio, a pesar de contener todavía algunas obligaciones, pagos, tensiones y olas de calor, representa para mí la antesala de la libertad porque ya nos va dejando más tiempo libre para asomarnos aquí y allá e ir viviendo aventuras.

Siempre lo digo: no soy rica de dinero pero sí de tiempo (considerando el escaso tiempo libre del que dispone la mayoría, somos como esclavos, siempre dependiendo del trabajo, esa invención diabólica a no ser que sea tu pasión). Es una gran riqueza y oportunidad que intento aprovechar al máximo.

Os deseo buen verano

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Oasis de paz

Ayer fue un día sangriento. Principalmente por los actos bárbaros acaecidos en Londres, pero también por la histeria colectiva y la locura absurda ligada a la hinchada de fútbol aquí en Turín.

Mientras a escasa distancia se aplastaban y enloquecían miles de hinchas de la Juventus, yo asistía a la boda de un querido amigo y compañero inglés con su novio de toda la vida. Allí, en la celebración, estábamos cerca físicamente pero muy lejos mentalmente del lío descomunal y los momentos de pánico que se produjeron en nuestra querida ciudad. Allí, nuestros amigos dieron un discurso mitad divertido y mitad conmovedor, que nos recordó que no es que se hayan “casado” ahora porque lo han decidido, sino que lo han hecho cuando han podido hacerlo. Y que nos encontrábamos reunidos no tanto para celebrar su unión personal, sino sobre todo, para celebrar el paso adelante llevado a cabo por nuestra sociedad.

Llevábamos todos los invitados, según sus indicaciones, una foto nuestra de hace 23 años, que es lo que llevan juntos y así veíamos claramente cuánto tiempo había pasado y cuántas vivencias se habían amontonado en la existencia de cada uno. Así reflexionábamos. Porque todo ese tiempo han tenido que esperar ellos para obtener un mínimo de derechos por parte de la ley italiana. Pero ese hermoso discurso carecía de rabia, solo había sonrisas en sus labios, bromas en sus mentes, calor humano, sencillez, inteligencia.

Fue todo exquisito, salió todo bien. Gracias al cielo todavía existen oasis de paz y sentido común, de humanidad y progreso en medio de la barbarie que acecha y que siempre ha existido por desgracia.

Huyamos del fanatismo todo lo que podamos. Nademos en la tolerancia, la cultura y la serenidad que nos dejen tener…

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Florencia y los recuerdos

IMG_0729_2Era hora de llevar a nuestra hija a ver tanto arte y belleza. Era hora de volver a Florencia cuando nos propusieron un intercambio y no pudimos decir que no.

Arte ha visto mucho, caminar hemos caminado tanto y lidiar con gente hemos lidiado todo lo posible. Ya se sabe que es lo peor de las ciudades invadidas. No se puede ser tan bello, te persiguen los admiradores. Es mejor ser normal…

IMG_0726_2Fue el sitio al que fui a hacer un curso de italiano para mejorarlo en su día y como hicimos amistad, fue también donde recalé para buscar mi primer trabajo nada más terminar la carrera. Allí hice de secretaria de una escuela de lenguas y di mis primeras clases de español. Allí malvivimos con poco dinero y ser pobres en un sitio caro, no es fácil. Nos alimentamos de arte y belleza y adelgazamos mucho. En realidad, crecimos a base de palos, así que los recuerdos se amontonan y te asaltan por las esquinas y nuestra hija se ha sorbido anécdotas varias.

Diría que ha sido un viaje importante. La casa que nos dejaban estaba en una colinita y allí se respiraban paz y silencio, se veían los cipreses y se escuchaba a los pajarillos. Se cogía aliento para descender a los infiernos del turisteo desenfrenado.

IMG_0732_2Ha cambiado mucho, hay mucha más gente, todo cuesta más caro, hay colas por todas partes. Reservamos algunas visitas y así nos resultó más cómodo todo por suerte y para comer nos las arreglamos bien usando un estupendo puestecillo de comida griega de San Frediano, comprando en el super, probando algún local moderno del centro cuando no podíamos más (con la pretensión sobre todo de descansar un poco) y disfrutando de una buena comida el último día en una osteria que conocíamos en la que se comía divinamente. En piazza Tasso, al lado de donde vivimos en su día. Hay que saber moverse en estos sitios porque si no, pueden pelarte y darte gato con liebre.

Lo mejor sin duda fue el primer paseo el viernes por la noche al llegar del viaje, estaba mágica y hermosa e increíblemente vacía la ciudad. Fue un recibimiento con todos los honores. Luego el teatro la Pergola, en cartel estaba Medea de Eurípides, conseguimos entradas y fuimos a un palco a disfrutar de un buen espectáculo.

Notable también la subida a San Miniato Almonte, iglesia maravillosa desde la que se disfruta de vista soberbia.

IMG_0730_2Pude contemplar el fresco de la Adoración de los magos en el Palazzo Medici y la capilla Brancacci, que por fin vi. Viví varios meses en esa ciudad a dos pasos de ella y no la había visto, es increíble… Cuando se trabaja se está alienado y no hay tanto tiempo ni cabeza para visitas. Es preciosa aunque me la esperaba en un contexto más recogido, no en medio de una iglesia tan grande.

Disfruté mucho de los jardines de Boboli el domingo porque es grande y el público se dispersa, aunque es penoso que también cueste entrar, antes tantas cosas no costaban. Verde, cuestas, estatuas, fuentes, un poco de respiro.

IMG_0740_2A pesar de sus dificultades, sigue siendo (y lo será siempre) una ciudad importante para mí, el primer trabajo, el primer sitio en el que buscarse la vida y sobrevivir. Recuerdos que se hallan en un trastero y afloran a borbotones cuando vuelves a ver los mismos escenarios.

Un respiro necesario (la rutina atrapa y aturde), una inmersión en el arte, una vuelta a lo que fuimos una vez. Florencia asaltada duele a los florentinos y a mí también, pero es lo que hay.

Firenze bella impossibile…

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Dos series sobre temas serios: el acoso escolar, el maltrato de género y el suicidio. 13 reasons why y Little big lies

Ya lo sabemos. Se hacen grandes obras hoy día en el formato serie. Y se acumulan ya tantas en la retina y en la recámara a la espera de ser vistas, que ya uno se pierde y cuando le preguntan por sus series favoritas, fácilmente, al enumerar, se le escapen algunas fundamentales.

Debo decir que, aunque algunas de las largas sean verdaderas obras maestras, me cansa tanta temporada sin fin. Si una serie es buena y encima tiene un formato mini, entonces mejor que mejor. Adoro a los ingleses y sus miniseries espléndidas. Joyas con principio y fin. También hacen algunas cortas en América, donde tan maestros son en este arte y tanto dinero gastan en esta fructífera industria del entretenimiento.

 

Estas dos series me han gustado mucho, las dos me han mantenido en vilo, me han enriquecido y me lo han hecho pasar mal, puesto que son duras. Las dos están basadas en libros que no he leído pero que supongo que están muy bien. Una acaba mal aunque con algo de esperanza y la otra bien, aunque de forma violenta. No digo cuál es cuál para no espoilear demasiado.

 

13-reasons-why-serie-de-tv-sound13 reasons why es una serie sobre adolescentes en un instituto americano. De esta temática hay mucha literatura y no toda buena y como por edad estoy lejos y, afortunadamente, por geografía también (y lo digo porque parece que es más difícil ser adolescente en América que en España donde lo he sido yo), a veces estas cosas me aburren.

No es el caso. La idea de la que parte es interesante e inquietante a la vez. Una chica se ha suicidado y a un amigo suyo le dejan en la puerta de su casa unas cintas que había grabado antes de morir en las que habla de 13 personas, una por cinta, y de cómo y en qué medida esas personas han influido en su terrible decisión. ¿Venganza? ¿Desahogo? ¿Enseñanza?

Al principio las cuestiones de las que habla son más o menos normales, como los celos entre amigas, publicaciones en chats de cosas indebidas, listas con tops de esto y aquello y chicos que quieren aprovecharse de una supuesta debilidad; hasta llegar a asuntos mucho más graves como violaciones, serio acoso escolar y “apartheid” o vacío que se le hace a algunos miembros de la comunidad.

Las personas afectadas las escuchan y se las van pasando, pero al chico protagonista (un buen chaval que estaba enamorado de Hanna, la chica suicida) le afectan más que a nadie y le mueven a actuar e intentar cambiar cosas. Él es el hilo conductor, a medida que las va escuchando, las vamos conociendo los espectadores y gracias a flasbacks continuos, asistimos también a los eventos del pasado desde el principio (la llegada de Hanna a una nueva ciudad y un nuevo instituto) hasta el trágico final que desde el primer momento se conoce. Crónica de una muerte anunciada.

El pasado y el presente transcurren paralelos y se avanza inexorablemente desde las chiquilladas comunes hasta la tragedia inevitable. Con nervios, con horror, con miedo y desolación. Porque el suicidio de una joven que tenía todas las características para llegar a ser una mujer completa y feliz; es algo gravísimo que deja amargor profundo en la boca y espeluzna como lo que más a un padre.

En algunos momentos está un poco estirada. 13 capítulos quizás sean demasiados, pero en general golpea, hace pensar, te hace revivir el pasado y dar gracias por no tener que haber animado a los petardos del equipo de la escuela, por no haber participado en listas extrañas de San Valentín ni haberse tenido que tragar bailes historiados ni nada por el estilo de lo que hay en América y que parece estar inventado especialmente para jorobar y torturar a los débiles y sensibles de este mundo. Todo el que se salga un poco de la supuesta “normalidad”.

Algunos chicos sacan de esta traumática experiencia enseñanzas útiles, sufren y maduran a la fuerza. Aprenden a base de cometer errores garrafales.

 

12501466La de las “pequeñas mentiras” va de madres de niños pequeños y de amistad femenina, así como de otros temas más graves como la violencia doméstica, que se puede dar en cualquier ambiente. De nuevo gracias dios mío por no vivir en América (a pesar de que es un país con grandes ventajas): ese bailecito-gala benéfica en torno al que rueda todo, pone los pelos de punta…

Prefiero que la escuela me pida el dinero directamente y no tener que hacer sandeces, disfrazarme, cantar en público y hacer el ridículo de mil maneras exponiéndome a la maledicencia generalizada.

También se trata el acoso escolar al nivel de primero de primaria, el miedo, las amenazas, la tensión, las acusaciones, la competición entre madres.

Las protagonistas son mujeres, algunas de ellas auténticas fieras, que por encima de sus diferencias (tanto de carácter, como de nivel de vida, como de situación familiar), traban una fuerte amistad que las ayuda a seguir adelante después de momentos difíciles.

Esta serie retrata muy bien lo importante que es para nosotras las mujeres tener buenas amigas a las que contarles todo y en las que confiar y con las que reírnos y también llorar. Algo que dura para siempre, que te reconforta, anima y da calor.

Es una serie que une comedia a tragedia y misterio. Al principio se sabe que ha habido un crimen pero no se conoce ni al muerto ni al asesino, solo en los últimos minutos se desvelan las incógnitas.

De nuevo flashbacks que unen entrevistas a testigos con posterioridad al crimen con la historia desde el principio, la llegada de un nuevo niño a la escuela y una nueva mujer a la comunidad. ¡Qué trauma llegar nuevos!

Se alternan escenas duras de violencia doméstica a la visión de casas de ensueño, se observan panoramas maravillosos marítimos desde las ventanillas de los coches que van continuamente de un sitio a otro, se conoce a niños muy listos, que se dan cuenta de todo porque los niños son así, lo absorben todo y hacen preguntas molestas y no se conforman con respuestas evasivas.

Se nota la mano de un buen director: Jean Marc Vallée, canadiense con gran sensibilidad cuyas películas me encantan. Siempre hay en sus obras temáticas fuertes e importantes, buenísimos actores, música emocionante, fotografía cuidada y mucho sentimiento. Y las actrices son fantásticas, así como los niños.

Dura siete episodios y ni falta ni sobra nada. Se nota que una misma mano sabia ha guiado toda la producción de principio a fin. Es una obra coherente, ágil y conmovedora, que te atrapa y te conduce hacia un torrente de vértigo acelerado.

Es dura y descarnada pero ofrece un final poético esperanzado y brillante.

Me ha gustado mucho y si se es mujer, creo que puede llegar muy hondo.

La recomiendo con pasión.

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La dieta, los cambios y el mercado de Porta Palazzo

Nos encasillamos, nos emperramos y nos encerramos a nosotros mismos.

No nos hacen falta carceleros ni dictadores ni circunstancias adversas. Nos autolimitamos, nos dejamos ir, nos dejamos llevar por una corriente inexistente. Por la costumbre, la desidia, el flujo constante del tiempo.

 

En mi caso, me he llevado diría décadas, dejándome ir con respecto a la alimentación. He comido lo que he querido a la hora que se me antojaba sin prescindir de nada. Bueno sí, prescindiendo del sentido común.

Me he entregado de lleno a los placeres de la mesa como si de una droga se tratara (es una droga como otra cualquiera, todo es una droga si dependemos de eso) y he abandonado el cuidado del cuerpo. Lo he dejado en estado salvaje y poco a poco ha ido empeorando y no lo ha hecho más porque soy de natural inquieta, me muevo mucho y no me disgusta el ejercicio, algo he hecho siempre.

Pero dejé de pesarme. Un buen día la balanza se convierte en un enemigo y te alejas de ella porque puede hacerte sentir mal cuando no tienes intención alguna de hacer dieta.

Crees que ojos que no ven, corazón que no siente. Pero eso es mentira, como otros tantos dichos.

Lo cierto es que la libertad que te concedes por un lado, la pierdes por el otro. Cada vez que te ves en una foto (porque procuras mirarte poco en el espejo) o te pruebas algo de ropa, cada vez que sientes la mirada de alguien sobre ti; sufres. La ausencia de comentarios cuando vuelves a ver a gente a la que hacía tiempo que no veías, te duele. No pueden decirte que te ven bien y no quieren decirte que te ven mal. Por no herirte.

Y así años y años.

Un día puedes y debes decidir que se acabó. Que vas a cambiar. Y decidirlo en serio. Sin vuelta atrás. Tomar las riendas. Difícil pero no imposible.

En mi caso me ha ayudado mucho que mi compañero se haya puesto a dieta cuando, comparado conmigo, casi no lo necesitaba.

Por imitación, por envidia, por amor proprio, por encontrarte la infraestructura y el ambiente adecuados. Porque hay que decir basta alguna vez.

Él se ha convertido en un coach de valor inestimable para este periodo difícil de transición.

Sin empujarme a tomar la decisión porque no habría servido más que para que me ofendiera, me enfadara y se me enquistara su comentario.

Una decisión difícil de cambio debe siempre partir de uno mismo. De un momento de lucidez, confianza y bienestar.

 

Un día hace no mucho me llevó a cenar a mi restaurante favorito y allí (no sé muy bien por qué) tomé la decisión de adelgazar todos los kilos que me sobran. Todavía me queda mucho pero empezar es quizás lo peor.

Pesarse el primer día y horrorizarse, volverse a pesar todos los días con miedo de haberse pasado el día anterior, acostumbrarse al hambre y a decirse que no continuamente a muchas cosas que antes eran habituales. Todos los caprichos: fuera de golpe.

Creo que como cuando se deja de fumar (según dicen), lo peor es el primer mes y ese ya ha pasado. Ahora diría que estoy acostumbrada a la nueva vida y resignada a que va a durar mucho. Mi compañero habla de para siempre pero esas son palabras mayores que prefiero no pronunciar por ahora.

Y me doy cuenta de sus ventajas, más allá de la satisfacción de ir perdiendo peso (o sea, de ir alcanzando poco a poco mi objetivo) e ir viéndome mejor cuando me miro al espejo.

Tomé otras decisiones paralelas como caminar bastante todos los días y subir los cuatro pisos de escaleras todas las veces que haga falta, abandonando el ascensor.

Por ambas cosas me siento más fuerte y ágil, menos vaga, más joven.

 

Otra decisión colateral que tiene que ver con la adopción de un tipo de alimentación más sana, es ir menos al supermercado y más al mercado.

 

Al lado de casa tengo Porta Palazzo, el mayor mercado de la ciudad, una joya que hemos ignorado sistemáticamente durante estos 15 años que llevamos aquí, por pura pereza. Hay gente, hay jaleo, hay que moverse y luchar.

 

Pero ahora me doy cuenta de que me encanta. De que es barato, las cosas están buenas, te tratan muy bien y cada viaje resulta un crucero por olores, colores y sensaciones variadas. Un viaje por varias lenguas, culturas, sensaciones y tonos distintos de piel.

Una inmersión en la humanidad, el movimiento y la energía.

 

Voy a ir cada vez más.

¿Cómo se puede ser tan tonto?

Me lo digo a mí misma.

¿Cómo nos vence tantas veces la vagancia, cómo nos pueden el hastío, la costumbre y la indolencia?

 

Nunca he tenido pereza alguna para ir al cine o a espectáculos, para viajar, quedar con gente, enfrentarme al trabajo y tantas otras cosas.

Pero todos nosotros nos encajonamos, nos limitamos, nos fastidiamos a nosotros mismos. En algunos campos o en todos.

Este periodo que intuía un valle de lágrimas, se está revelando una oportunidad de oro para mirar el mundo desde otro punto de vista, derribar barreras autoimpuestas y creer más en mí misma.

 

Ahora que se me ha pasado el mono de azúcar (más o menos), puedo hablar más serenamente de un tema que he procurado eludir durante mucho tiempo por miedo a enfrentarme a él

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