Los periódicos y las “buenas noticias”

Estoy saturada en estos momentos de la cuestión “catalexit” o catalepsis como la llamo yo. Aún así, como es ferviente actualidad y afecta a mi país, no hago más que leer noticias cuando lo más sano para la salud es abstenerse de semejante tontería y vivir aislado en un mundo pseudo feliz…

De la cuestión Cataluña no voy a hablar porque esta historia de la lucha de banderas, himnos, lenguas y patriotismos varios; no me interesa. Los independentismos, radicalismos y extremismos son todos peligrosos. Y lo peor es que una sociedad que podría vivir en paz y dedicarse a prosperar, o a intentarlo por lo menos, pues por empecinamientos varios, ahora vive con tensión, división y miedo al futuro porque todo cambio puede traer consecuencias muy negativas y eso no le gusta a la economía, que es, en última instancia, el motor que mueve el mundo. Y así se está viendo estos días con el cambio de sedes de tantas empresas y entidades bancarias, la oscilación de La Bolsa, la paralización de asuntos económicos internacionales que tienen que ver con Cataluña, etc. Ellos sabrán y a ver si alguna vez, en vez de tirarse trastos unos a otros, se sientan todos a negociar, que eso es lo que piden los ciudadanos sensatos.

Lo que quería decir es que en medio de tanta polémica y tanta cotidiana catástrofe que llena los periódicos, una se topa con una buena noticia: las mujeres en Arabia Saudita van a poder conducir parece ser. ¡Albricias! ¡Qué noticia! Una maravilla para ellas, una puerta abierta a algo de sensatez, ¡máxima solidaridad de todas nosotras mujeres libres del mundo moderno hacia todas las compañeras oprimidas por el oscurantismo!

Solo que esta supuesta buena noticia me deja mucho peor que todas las demás. Porque acabo de ver “The handmaid” y me he agobiado indeciblemente sufriendo junto a la protagonista su privación de libertad y de derechos fundamentales cuando pasa a vivir en la sociedad dictatorial llamada Gilead. Te horrorizas, te tiras de los pelos, sientes el estómago machacado y ganas de golpear a hombres y mujeres que apoyan un sistema de este tipo. Pero es que Gilead existe. Ahora. eso es lo peor.  Porque las mujeres en Arabia Saudita y en un montón de países más, carecen de los derechos más elementales, tienen que hacerlo todo con un tutor, están a merced total del padre primero y el marido después. Son esclavas, viven la opresión y falta de libertad todos los días. En el siglo XXI.

Y cuando leo esto, me entran ganas de llorar, no por el catalexit, o el brexit o la subida al poder de grupos de ultraderecha en Europa, aunque esto no anime mucho tampoco…

Es solo cuestión de suerte, haber nacido en una época o en otra, en un país o en otro. La injusticia de la vida. Infinita. Desconcertante.

Yo, que me recorro miles de kilómetros en mi coche conduciendo feliz en mis vacaciones de verano, me veo en otra realidad paralela con velo de la cabeza a los pies, teniendo que rezar y estar en casa todo el día, a merced del marido que me hubiera tocado, frustrada, rabiosa, encerrada e infeliz toda la vida… Aunque ahora, con esta ley, por lo menos podría conducir. Algo es algo.

Me alegro por las compañeras saudíes pero, la verdad, sigo sintiendo profunda pena por ellas más que nada. Ojalá que les cambie mucho más que eso…

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Cultura en septiembre, el aire necesario

IMG_1089Cuando llego de vacaciones, un poco exhausta y abrumada por tanta experiencia, tengo avidez de espectáculos. Más allá de alguna honrosa excepción de teatro en el West End (bendito sea), no suelo ver casi cine ni series ni voy a conciertos o al teatro y lo echo mucho de menos. Llego con mono de todo eso a casita, aunque debo decir que este año en Barrillos del Curueño, pequeñísimo pueblo de León donde suelo pasar algunos días de vacaciones de vez en cuando; hemos asistido a un montón de conciertos organizados por el bar, que casi no dábamos abasto. Un dúo muy gracioso que imitaba a los Blues Brothers, jazz, rock de varios tipos, canciones originales, covers. ¡Madre mía! ¡Qué vida cultural de repente! Y pude ver también un magnífico concierto de jazz en Cerezales (Hasier Oleaga trío más Jorge Rossy), que tiene un festival increíble en verano, cuyo único problema es que se celebra en la plaza del pueblo y los condenados niños corren y gritan a placer estropeando la concentración y el silencio necesarios para disfrutar en pleno del arte. Por favor, organícenlo de otra manera, que no moleste tanto niño, que en España juegan libremente y cafrean hasta altas horas de la noche en verano. Con la historia de ser el pueblo del de la cerveza Coronita, cuenta con un presupuesto la fundación cultural que ni el de una gran capital… Es bastante asombroso. Normalmente voy más allí pero como en Barrillos había tanta movida esta vez: además de los conciertos, hubo actividades para niños, lucha leonesa, mercadillo, etc; pues no podíamos ir a otras partes. Mira qué bien, sin coger tanto el coche por una vez, que los que viven en los pueblos, hay que ver cuánto cogen el coche continuamente.

IMG_1033A lo que iba: llego y me precipito como una posesa a comprarme un abono a Torinodanza arañando mi escasísimo presupuesto postvacaciones-inicioescuela. Por un precio módico, siempre me ofrece sensaciones y disfrute variados a lo largo del melancólico otoño. Pero no suelo dedicarme a Mito, festival de música clásica que dura más de dos semanas en septiembre y regala muchos espectáculos estupendos gratis y a muy bajo precio (todavía existen estas cosas, qué bien). No le dedico normalmente mucho tiempo al programa porque al principio de curso, cuando se tienen hijos, hay que realizar grandes esfuerzos por acostumbrarse a horarios rígidos en parte nuevos, adquirir material, rellenar papeleo, tomar decisiones, ir a reuniones y seguirlos mucho. Además tenemos exámenes nosotros a la vez y el tiempo y la energía escasean.

No se puede ir a todo porque hay muchísimos eventos a veces a la misma hora y en ocasiones, un poco lejos, pero este año estudié a fondo el programa, apunté cosas en la agenda y conseguí ir a varios conciertos y todos merecían la pena.

Tenía que coger ánimos y fuerza para la vuelta a las obligaciones, los horarios, el orden, la seriedad e, incluso, la dieta. Ah, la famosa dieta, qué larga sabía yo que iba a ser si quiero alguna vez llegar al peso ideal ese famoso. Me alejaba mucho yo de la idealidad…

Con mi caos estructural y mi vagancia y hedonismo innatos, la dieta (que implica rigor, paciencia, sacrificio y demás virtudes que no poseo), se me hace cuesta arriba. Muy cuesta arriba. Pero, una vez empezada, hay que encontrar el valor para seguir adelante.

Como el arte no engorda, la “botta di vita”, as they say in italian, que necesitaba para empezar el año con buen pie, me la han dado los siguientes espectáculos a los que he acudido (además de mi familia, claro, que se encuentra en muy buen momento):

  • Un concierto de guitarra en el teatro Vittoria (muy cómodo y con muy buena acústica), variado y breve pero intenso. Un intérprete joven, Arturo Mariotti, virtuosista del instrumento.
  • Un concierto de órgano (instrumento que adoro pero tengo escasas posibilidades de escuchar) en el Duomo. No tiene mucho volumen este órgano o su sonido se pierde en la inmensidad del espacio pero aún así, me emociona. Ignace Michiels el organista, que tocó con dos ayudantes.
  • Un concierto de un extracto del Orfeo de Monteverdi pensado como aproximación a la música para niños. A mi hijo no le gustó mucho pero a mí sí. Adoro esa obra y los músicos eran muy buenos, la Accademia degli Invaghiti.
  • Concierto del trío Debussy (que ya conocía) en el Conservatorio, que interpretaban una obra moderna de Olli Mustonen, hermosa y la maravilla de Schubert que aparece en la película Barry Lindon (el trío en mi bemol mayor opus 100). Se me pusieron los pelos de punta.
  • El ballet de Preljocaj sobre Romeo y Julieta de Prokofiev en el Regio. Precioso, contundente y emocionante.
  • En la misma onda de crítica a los autoritarismos y las represiones de la autoridad de esa obra, está la serie The Handmaid, que acabamos de ver. Terrible, te lo hace pasar de verdad mal pero es fantástica, redonda e imprescindible. Se merece todos los premios que le han dado.
  • Un espectáculo de danza en el Carignano de una compañía (Candoco Dance) que incorpora bailarines con diversos tipos de hándicap. Te golpea y te hace pensar. Te incomoda incluso al principio pero cuando te acostumbras a ver en el escenario a bailarines a los que les falta alguna parte del cuerpo, disfrutas de la belleza y dejas de plantearte chorradas.
  • Intradans, compañía holandesa, en Fonderie Limone. Con el miedo al aparcamiento al volver, se nos ocurrió que una buena idea podía ser ir en bici pero nos perdimos, nos agotamos, llegamos por los pelos cuando nunca llego tarde a los espectáculos ni en general, a nada, sudamos la gota gorda una hora de ida y otra de vuelta y fue una aventura que probablemente no repetiré. Pero los espectáculos, 4 diferentes de diversos coreográfos, entre los que se encontraba Nacho Duato, fueron una maravilla. Altísimo nivel reina siempre en este festival y mucha variedad. En este espectáculo había danza y música, que uno diría que es lo normal pero en cambio a veces me cuesta ver un espectáculo más o menos tradicional en ese sentido. Cuando lo hay, disfruto de verdad.
  • Concierto de Vinicio Capossela que inauguraba la 30 temporada del FolkClub de Turín, un club que es una institución y que ofrece una calidez y un ambiente recogido en su reducido espacio, difícilmente repetible. La gente estuvo muy entregada, sobre todo en la segunda parte del concierto cuando interpretó algunos de sus éxitos. Muy agradable como persona también.IMG_1087
  • Marina Abramovich en Alba y el famoso restaurante Il Boccondivino en Bra. Una propuesta muy interesante y novedosa de última hora de una amiga cogida al vuelo. Pude recorrer después de muchos años algo de Alba, ciudad bonita y cuidada, capital de Le langhe y me asombré de lo rica que es y de lo animada que está. Tuvimos suerte porque, a pesar de llegar tarde o precisamente por eso, pudimos ver y hasta escuchar a la artista y eso que hubo gente que había estado esperando horas y al final no logró verla. La organización era deficiente y el sitio (la capilla de La Maddalena) muy pequeño. Resultó una verdadera diva, flashes, fotos, autógrafos, adoración, gente emocionada. Cualquier cosa que hubiera dicho habría provocado la misma conmoción, así son los personajes, están por encima del bien y del mal. Contrastaba ver lo ascético del vídeo que presentaba con lo barroco de la decoración que envolvía el evento, todo bañado en masas adoradoras propias de las rock stars.

Curioso. Pensé que me iba a recuperar de tanto apretón, tanto esfuerzo y tanto jaleo en el local famoso en el que nació el movimiento de Slow Food, al que después de tantos años, por fin iba a ir… Pero no fue así. Se come muy bien. La entrada con lardo, carne cruda y salchicha cruda de Bra (no apta ni siquiera visualmente para vegetarianos y almas sensibles) estaba estupenda y los dos primeros que probé (ravioli di zucca a la trufa negra y gnocchi al raschera) eran verdaderamente deliciosos, así como el vino. Pero no hubo postre, no hubo sobremesa, no hubo deleite ni relajación porque una de mis amigas se puso fatal y hubo que irse precipitadamente y realizar el viaje de vuelta preocupadas por ella, que temblaba y vomitaba y parecía tener fiebre. Cosas que pasan. Una lástima porque es difícil que se den las circunstancias justas para poder organizar una velada como esa… Pero otra vez será. El recuerdo es bueno aunque necesito volver para degustarlo todo con la calma que proclama a los cuatro vientos el movimiento que empezó en ese local.

Creo que eso es todo aunque he ido a un par de conciertos más en la iglesia de San Filippo y a más habría querido ir pero el dinero, el tiempo y la energía, ahimé, son limitados.

Ahora me concentro en mi próximo viaje a Roma y así me siento feliz.

 

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Padres e hijos: las comidas

La verdad es que, con lo interesante y complejo que es el tema de la maternidad (paternidad) y la cantidad de años de experiencia en ese sector que poseo, he hablado francamente poco de ello. No sé por qué.

En todo caso quería compartir una buena idea que se nos ocurrió para que los niños empezaran a cocinar en casa. Ya limpian sus habitaciones y a veces ordenan sus cosas (pocas, la verdad), pero hay que seguir avanzando, sobre todo porque la mayor tiene quince años y debería ser más autónoma. Más allá de ponerse un sandwich (verdadera experta en la materia), no ha cocinado mucho en su vida. Es culpa nuestra. Como digo yo, esto de ser padres es más complicado que cualquier otra tarea en la vida porque nadie te dice cómo tienes que llevarla a cabo, cada hijo es un mundo y cada distinta edad es un universo. Y si a eso le sumamos los diferentes caracteres, características y edades de los diferentes hijos y la cantidad de información sobre todo tipo de cuestiones que existe hoy en día y la infinita relevancia que le da la psicología al papel de la educación en las futuras personas que serán los niños; pues agobio, confusión, pesadumbre, remordimiento y error tras error. ¡Socorro!

Yo digo que las meteduras de pata se compensan o se deberían compensar con las buenas intenciones y el cariño existente por encima de todo y también es importante que entiendan los chicos que sus padres no son supermanes, sino personas comunes, con defectos y virtudes y haya paz en las mentes. Pero no es tan sencillo…

El caso es que hemos instaurado un día a la semana este año en el que los niños tienen que hacer la cena y ayer fue el primer día de esta (espero) larga serie de jueves en los que mi marido y yo nos sentamos en el sofá a hacer nuestras cosas hasta que los dos nos llaman y nos vamos a la cocina a comer lo que ellos han hecho. ¡Qué idea más buena! ¡Y encima el jueves, que es un día en el que se está ya muy cansado de la semana…!

La mayor decidió el plato, buscó la receta y escribió los ingredientes que necesitaba. Vieron lo que había en casa (a esas alturas de la semana, normalmente nada), se fueron los dos al supermercado a lidiar con el carnicero y demás obstáculos, volvieron, prepararon la primera parte (se trataba de pollo macerado en lima y cilantro). Cada uno volvió a sus cosas un rato y, más tarde, lo cocinaron todo (también pusieron guacamole de guarnición, que es algo que ya sabían hacer), nos lo sirvieron, nos llamaron y disfrutamos todos de una exquisita cena (debo decir que les salió muy bien, hasta ellos estaban sorprendidos) y de un ambiente festivo y alegre que, de otra manera, no habría habido.

Chicos, de verdad, ¡qué buena idea tuvimos! Han estado juntos, se lo han pasado bien, han aprendido cosas, se han hecho más autónomos, han comido algo que les gusta, han sentido gran satisfacción y no hay nada negativo en todo esto. Espero que no sea porque era la primera vez, sino que sepan guardar ese bendito y envidiable entusiasmo para los jueves sucesivos, pero es verdad que a veces, las dinámicas de familia, aprendizaje y educación; pueden funcionar a la perfección.

¡Vivan los jueves!

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Fotos de Londres

IMG_0501Hay que tener tiempo para ocuparse de las fotos, retocarlas, clasificarlas, escogerlas y publicarlas… Así que se separan de los posts que se escribieron en su día pero no importa. Sirven para recordar buenos momentos cuando se está de nuevo en casa.

Cuando estamos en Londres nos encontramos muy bien pero en el momento en el que nos vamos, nos damos cuenta de verdad de lo que la echamos de menos. Este año hemos podido vivirla más tiempo gracias a un fantástico intercambio, una casa espléndida en Primrose Hill, ¿qué más se puede pedir? Aquí va algo de lo que vi y sentí.

 

Empecemos con alguna gente y locales varios:

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Algunos mercadillos como el de Broadway son encantadores, aquí está el puesto de dumplings.

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O un concierto amenizando:

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Algunas paredes dicen cosas:

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También hay colores que llaman la atención:

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O edificios:

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Vivíamos cerca del canal y nos dejamos deslumbrar por él:

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Los pubs tienen mucho encanto y dan ganas de pasar la vida en ellos:

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Ir al teatro es un lujo que intento permitirme:

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Otra maravilla son los museos, en su mayoría gratis, aquí hay dos imágenes de ambas Tate:

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Una amiga siempre me insiste para que vaya a ver en la National Portrait Gallery, la exposición del Portrait Award anual y la verdad, es interesante. Se dan todos los estilos para ofrecer una muestra de la humanidad más variada. Este retrato me gustó mucho, parece que la persona siente pudor por ser observada y, sin embargo, allí está expuesta, en el centro del mundo:

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Estuvimos en el gay pride:

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Le cogí cariño al pirulí porque pasaba por él para volver a casa aunque es feo:

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Hasta conseguí tomarme un cream tea (¡qué buenos los scones!) en el Secret Tea Room de Soho. Os lo aconsejo, hay que pasar por detrás de la barra de un pub de la calle Greek Street y subir al pequeño saloncito donde dos chicas orientales disfrutaban de su Afternoon Tea que jamás terminarían. Tiene uno la impresión de que hoy en día, más que disfrutar de las cosas mirándolas y saboreándolas, con sacar una foto y publicarlo en internet, es bastante.

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Para terminar, una instantánea de nuestra querida calle:

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Sé que solo gente rica puede vivir en muchos barrios de esta ciudad porque la vivienda es carísima, pero aunque sea fugazmente a veces disfrutamos de la tranquilidad que se respira, el buen nivel de vida y las posibilidades inmensas de esta metrópolis verde y acogedora.

 

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Escena de una separación (con reflexión adjunta sobre lo digital)

450_1000El disco duro de mi ordenador el otro día decidió romperse, desconectarse, descacharrarse, irse de vacaciones, autoinmolarse, yo qué sé…

Se me ha roto el ordenador, vamos. Y ya me veía yo haciendo números y contrayendo préstamos que no puedo devolver en estos momentos, para comprarme otro; cuando mi chico, que es listo y pertinaz, le metió mano con ahínco, lo arregló (es un hacha) y le puso al día el sistema operativo por fin.

He decidido tomármelo con filosofía pero cada cambio (y actualización del ordenata) implica novedades, sustos, pérdidas, trabajo físico y emocional, además de desesperación e inestabilidad. Y también da pie a infinitas charlas sobre filosofía digital, sobre cómo cambian los tiempos, sobre el hecho de que no somos nadie, etc.

En esas chácharas uno se hace más consciente de que las certezas que representaban los objetos físicos de antaño, ahora se han convertido mayormente en invisibles bits, o sea, esencias intangibles, almas vagantes por la famosa nube esa, el limbo de hoy.

Todo está a tu alcance pero nada te pertenece. Las cosas ya no ocupan un lugar verdadero sino que flotan por ahí y para acceder a ellas hay que ir armados hasta los dientes de palabras clave que procuren mantener alejados a los malos de hoy, o sea, los hackers y demás fauna.

En una posible separación (de pareja o de hijos que se van de casa o de lo que sea), el tema objetos va a dejar de ser un problema, más allá de algún mueble, porque uno coge su ropa y sus aparatos y se va sin más clasificaciones, discusiones ni mudanzas.

 

Escuchando una canción de Astrud Gilberto y Stan Getz, me ha venido a la memoria una importante y significativa escena de mi vida familiar de adolescente.

Mi familia se rompió. No sé cuándo sucedió exactamente pero un buen día aquella ruptura se hizo efectiva y definitiva. Mi madre se fue con el compañero de clase del que se había enamorado, mi padre con una alumna con la que estaba saliendo y yo con mis líos y mi juventud. Cada uno a una casa y a una vida. La mía, un oasis inaudito a mi edad de libertad y experimentación, que me duró poco porque no hubo presupuesto para mantenerla pero no importa, me quedaba poco para volar del todo.

Para esa ruptura no existían discos de arranque ni trucos informáticos ni consejos de chats de expertos…

 

Volvamos a la escena. Los tres estábamos sentados en el sofá de flores amarillas del salón (a mi padre le gustaban los objetos estridentes y llamativos), frente al piano que vendimos en algún momento sucesivamente y juntos repasábamos uno a uno los discos de la discoteca para ver quién se llevaba cuál a su nueva vida.

Había algunos que estaban claros porque solo uno de nosotros lo quería verdaderamente. Con otros hubo más polémica. Precisamente el de los Gilberto con Getz nos encantaba a todos y creo que acabé llevándomelo yo.

Hay que imaginar lo que cada uno llevaba por dentro, los sentimientos, miedos, tristezas, incertidumbres y desgarramientos que soportaba y había que unir a eso lo difícil que a mi padre (coleccionista por naturaleza) le resultaba desprenderse de sus queridas cosas amasadas con esfuerzo.

Pero pasamos un buen rato al final, nos reímos bastante, gastamos bromas, dijimos verdades estando juntos como hacía tiempo que no estábamos, a pesar de lo doloroso del trasfondo de la cuestión. O quizás precisamente por eso, para no irnos cada uno por su lado con los discos en la mano y tanta amargura en la garganta.

Los objetos y todavía más, la música, van unidos a emociones profundas y aquel reparto conllevaba desnudez del alma y afloramiento de recuerdos de todo tipo. A pesar de todo, conseguimos que fuera un buen momento, una separación de gente civilizada.

No todas las escenas fueron idílicas ni mucho menos, hubo de todo como es natural pero aquel día se me quedó en la memoria y empieza a pertenecer a un pasado casi irrecuperable porque ya no tenemos discos ni casi papeles ni libros ni fotos imprimidas ni revistas ni periódicos. O cada vez menos.

Todo está en la máquina, esa misma que hace puf de vez en cuando y nos provoca infartos.

La vida evoluciona, no hay más remedio. Y tenemos que adecuarnos.

Nos resistimos pero la verdad es que ya no hacen falta las enciclopedias ni las agencias de viaje ni los bancos, ni las cartas… Tantas cosas de repente pertenecen al pasado y dentro de poco serán obsoletas.

Lo que todavía no hacemos es comer o vestirnos con bits digitales. El último reducto.

 

Cuando lo consigamos, la revolución de lo intangible habrá llegado a su culmen. A no ser que nosotros mismos no nos introduzcamos en un ordenador un día y nos convirtamos en protagonistas de juegos y realidades virtuales como planteaban la película Tron antes o más tarde, Matrix.

 

Mientras tanto aquí estoy, pasando a bits las palabras escritas con bolígrafo en un cuaderno de verdad.

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Volver a ver una buena peli: la vida de los otros

Es como volver a ir a un sitio que conocemos y nos gusta. Es excitante conocer nuevos lugares pero a veces es más reconfortante y satisfactorio volver a lugares que amamos y recorrerlos con pasión meditada, posada y reposada.

Queremos ver cosas nuevas, nuestra mente exige novedades pero si sabes que algo te entusiasmó en su día y ya no te acuerdas mucho de por qué, de qué había allí dentro tan emocionante y universal; es bueno volver a verlo y disfrutarlo. Un libro requiere mucho más tiempo, una peli se puede ver en dos horas.

En fin, que he disfrutado cada fotograma de esta buenísima y completa película en la que caben la historia, la política, el amor, el arte, la traición, la amistad, la generosidad, el odio, la avidez, la conspiración, la tragedia, la gratitud y también la sonrisa. En una buena obra tiene que haber también momentos de ironía y buen humor.

Funciona cada escena, nada le falta ni le sobra. Un mecanismo perfecto.

Hay tres protagonistas. Dos amantes, él escritor y ella actriz, que deben enfrentarse a las dificultades que su entorno les impone (el régimen comunista de la Alemania del este) y el funcionario de la Stasi al que mandan a espiarlos. Este personaje, solitario, silencioso y triste, que al principio proyecta miedo por su frialdad y perfección en los interrogatorios, va enamorándose de la pareja a medida que los conoce, de su bondad y veracidad y va mintiendo día a día para beneficiarlos, en un crescendo de acontecimientos que de pequeños detalles, le llevará a grandes acciones para intentar por todos los medios salvarlos del desastre al que se tienen que enfrentar.

En un momento dado debe pensar que merece más la pena sacrificar una vida insignificante en pos de unas verdaderas, que merecen más la pena ser vividas. Todo ello desde el más oscuro anonimato. Es emocionante el personaje y el actor que lo encarna, maravilloso. Una pena que muriera joven poco después de hacer esta película, seguramente tenía mucho que decir todavía. Lo habrá dicho a lo largo de su carrera pero es difícil acceder a películas alemanas o de cualquier nacionalidad cuando no han dado el salto internacional.

Fue una película muy famosa, la habréis visto. Pero si no lo habéis hecho, hacedlo y si la veis otra vez, seguro que la disfrutáis. Se trata de una gran historia con temas universales, gran carga emotiva, ritmo pausado pero muy conseguido y perfección formal. Buen comienzo, buen final… lo tiene todo.

Y el escritor, con toda una trama compleja y vasta alrededor de su vida y sin enterarse de nada, absorto como está en su candidez y bondad inocentes, ajeno a todo. Da mucha ternura. Todo el mundo lo quiere por representar lo que ellos perdieron hace tiempo y gracias a todo ese amor, sobrevive a los naufragios y las tempestades. Así puede contarlo…

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Vacaciones escolares en Italia y otras cuestiones

Este país es conservador, es una característica intrínseca que posee, quizás acorde con el enorme legado histórico-artístico con el que lidia a diario. Es una riqueza a la vez que un lastre y un peso.

 

Todo tiene dos caras, así que cuando les explico cómo es Italia a gente extranjera me encuentro a veces criticando de forma despiadada costumbres y pesadeces, pero otras acabo reconociendo que al no haber cambiado, o haberlo hecho poco, en algunas cuestiones es una ventaja.

 

Hablemos de la gastronomía antes de hacerlo de la escuela. Hoy en día que vamos a los supermercados y tenemos que luchar contra los alimentos precocinados o preparados o tratados de alguna manera, valoramos mucho la cocina de nuestras abuelas, la genuina, la que manejaba los ingredientes de verdad de la tierra de origen con sabiduría y economía. Pues bien, las abuelas italianas, y hasta muchas madres, siguen haciendo los domingos para la familia pasta en casa, lasagnas al horno caseras, pizzas y otras muchas cosas sabrosas como antiguamente, tale e quale. Y en los pastifici hay pasta casera sabrosísima y variada y en muchas trattorias se degustan platos que tienen el mismo sabor que podían tener en los años cuarenta o mucho antes. Ya digo, lo conservador a veces tiene sus ventajas.

El helado o la pizza o el café son símbolos en este país, que no se cansa de lo mismo y estos símbolos son tratados cuidadosamente y se pueden degustar delicias verdaderas a precios asequibles, hasta el punto que soy casi incapaz de comer pizza o helado cuando me encuentro fuera de aquí. Cuando uno se acostumbra a la excelencia, volver atrás no tiene sentido.

Es un país en el que cuesta mucho introducir novedades y cuando una llega, por ejemplo en el caso de las hamburguesas gourmet o el sushi o las patatas fritas, entonces surgen locales que ofrecen lo mismo como hongos, porque en el fondo los italianos son un poco pesados, cuando les gusta algo, lo quieren en grandes cantidades. Es comprensible aunque también harta.

Debo decir que eso se me está pegando porque siempre voy a los mismos sitios en Turín, como ya los conozco y en ellos se come divinamente, me cuesta muchísimo probar otros. Todo se pega y llevo mucho tiempo aquí ya.

 

Y llegamos a la escuela. ¡Ah! La escuela. Ese lugar en el que pasan media vida los niños y adolescentes… En muchos países se suceden reformas y cambios de todo tipo. Aquí se dice que todo cambia para permanecer igual y esa es la escuela italiana, la misma de siempre, para bien y para mal.

Por ejemplo, las vacaciones veraniegas son irracional y terriblemente largas como lo eran hace décadas. Los niños pasan más de tres meses sin pisar una escuela y este hueco mortal lo quieren paliar los maestros y profesores cargando de deberes a los niños, para martirio y afán de los pobres padres, a los que siempre se les exige demasiado.

Luego vuelven y se pasan tres meses de trabajos forzados hasta que llega la navidad y luego hasta la semana santa otros tres meses mortales (si no hay suerte y ese año la semana santa no llega a finales de marzo, que hay que ver qué caprichosas y absurdas son las fiestas religiosas). O sea: hartura de vacaciones y hartura de escuela. El caso es que las cosas nos salgan por las orejas…

Pero cuando oigo cómo se quejan familiares o amigos profesores que viven y sufren cada día en la herida escuela pública española, sobre la falta de educación, formación o disciplina de sus díscolos y masificados alumnos, no puedo más que decir: la escuela italiana será antigua, será obsoleta, será, será; pero no hay tantos problemas de falta de respeto o educación (a los alumnos los mantienen derechos y ni se atreven a veces a pedir permiso para ir al baño), a los profesores se les trata de usted y hasta se levantan los chicos cuando ellos entran en clase. Como hace décadas en otros lugares.

Y con respecto a la formación depende mucho del tipo de instituto pero como he podido observar este año, por ejemplo el liceo classico (completamente público) es un lugar en el que a los alumnos se les exigen trabajo, esfuerzo y seriedad de verdad y si no dan el resultado esperado, no le tiembla el pulso a nadie para suspenderles asignaturas o el curso entero sin más miramientos. Totalmente a la antigua pero la verdad es que al final los chicos, en un año, han visto toda la gramática del latín y son capaces de traducir ya textos de notable dificultad. Es increíble.

En los dos primeros años se les prepara a fondo para que en los siguientes tres puedan leer directamente en griego, latín e inglés con soltura. Se les da a la vez una preparación sólida y seria en ciencias y matemáticas. En fin, como decía, cosas de otros tiempos. Altri tempi che sono ancora qui una vera e propia realtà.

 

Italia, ese simpático dinosaurio…

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